ESCUCHA LA MEDITACIÓN

OMNIPRESENCIA DIVINA

Hoy leemos una parábola que nos ayuda a meditar sobre la libertad, hay muchos motivos para obrar bien, sobre todo el deseo de agradar a Dios que siempre nos mira y el gran premio que nos promete.

El Señor le respondió a Pedro:

“Supongan que un administrador puesto por su amo al frente de la servidumbre con el encargo de repartirles a su tiempo los alimentos,se porta con fidelidad y prudencia. Dichoso ese siervo, si el amo a su llegada lo encuentran cumpliendo con su deber. Yo les aseguro que lo pondrá al frente de todo lo que tiene”

(cfr. Lc 12, 42-44).

Es una parábola que nos habla de lo que es nuestra vida. Una enseñanza sobre el valor de nuestra existencia aquí en la tierra. Estamos aquí y tenemos un encargo de Dios; si lo cumplimos, tendremos un premio.

Continúa la parábola:

“Pero si ese siervo piensa: «mi amo tardará en llegar», y empieza a maltratar a los otros siervos y siervas, a comer, a beber y a embriagarse, el día menos pensado y a la hora más inesperada llegará su amo, y lo castigará severamente y le hará correr la misma suerte de los desleales”

(cfr. Lc 12, 45-46).

También existe la alternativa de no obedecer lo que Dios nos pide. Entonces, habrá un castigo. Pensemos un poco en este siervo. ¿Por qué actúa mal? Si ese siervo piensa: mi amo tardará en llegar.

Su amo no está presente. No siente su mirada que lo lleva a comportarse, a cumplir su deber. Si mi amo estuviera aquí viéndome, pues me porto bien. Pero, si no está, entonces, soy libre; hago una cosa distinta.

Se ve que ese hombre no es feliz, no es libre. Para ser felices, necesitamos ser libres. Ese hombre actúa de acuerdo a si lo ven o no lo ven.

PANÓPTICO

Me acuerdo de un proyecto que se llama el “panóptico”, un proyecto arquitectónico. Panóptico, o sea, que todo se ve, que lo ve todo. Es un proyecto arquitectónico que inventó un filósofo que se llama Jeremy Bentham, un filósofo inglés de finales del siglo XVIII.

El objetivo de la estructura panóptica es permitir a su guardián, guarecido en una torre central, observar a todos los prisioneros recluidos en las celdas individuales alrededor de la torre, sin que estos puedan saber si son observados. Pues, de esta manera, este proyecto carcelario pretendía que los presos se portaran bien, porque se sentían observados.

Bueno, efectivamente, siempre que hay una autoridad, pues uno se comporta. ¿Qué pasaba cuando el profesor, durante el examen, se salía del salón?

¿Por qué otro motivo se porta mal este siervo? Piensa: mi amo tardará en llegar…, y ¿qué hace? Maltratar a los otros siervos y siervas, a comer, a beber y a embriagarse. Porque en su interior hay desorden, hay malas pasiones. Malas pasiones que no son corregidas, sino que se les da rienda suelta. Empieza a maltratar a los demás y a embriagarse.

Maltratar a los demás por ese afán de dominio, por la soberbia de creerse superior, por el simple gusto de ejercer la violencia. Embriagarse, dejarse llevar por el gusto del placer, por la comida, por la pereza, por la lujuria…

Todos tenemos malas pasiones que hay que encauzar. Esa fuerza vital que se puede desviar, pues hay que llevarla hacia el bien. Pensemos positivamente: ¿por qué actuaría bien este siervo?

Dice Jesús en esta parábola,

“Si se porta con fidelidad y prudencia dichoso de ese siervo si el amo, al llegar, lo encuentra cumpliendo su deber”

(cfr. Lc 12, 43).

FIDELIDAD

FIDELIDAD

Mira, aquí dice, “se porta con fidelidad”. La fidelidad es una virtud que nos lleva a guardar los compromisos, los compromisos que hemos adquirido. Aunque el amo no está presente, está presente el vínculo que tenemos con él; está presente el contrato; está presente el deber que tenemos de corresponder a nuestra misión, a nuestro trabajo.

Podemos portarnos bien porque, aunque no está presente él, sí está presente el compromiso. Y también por otras virtudes.

Dice que el siervo se comporta con prudencia y da de comer a sus colegas. Les da de comer, les da esa alegría, conviven en camaradería, van trabajando y son felices. Bueno, se puede ser feliz actuando bien.

Decíamos que esto es una enseñanza sobre nuestra vida. El amo, ¿quién es el amo? Pues el amo es Dios, y tenemos una misión, un trabajo que realizar, y nos ha puesto en este mundo para que lo trabajemos. Nos ha puesto en este jardín tan hermoso.

Tenemos presente el compromiso con Él,  pero no solo eso, sino que Dios realmente nos ve. Dios nos ve.

 Hay un salmo bien bonito, que es el salmo 139, que dice lo siguiente:

“Señor, Tú me examinas y me conoces. Tú sabes cuando me siento y me levanto. Penetras desde lejos mis pensamientos. Camine o descanse, Tú lo adviertes; todas mis sendas te son familiares. Pues aún no está una palabra en mi lengua, y ya, Señor, la conoces toda. Me aprietas por detrás y por delante, en mí tienes puesta tu mano. Misterioso es para mí este saber; demasiado elevado, no puedo alcanzarlo. ¿Adónde alejarme de tu espíritu? ¿Adónde huir de tu presencia? Si subo al cielo, allí estás Tú, si bajo hasta el seol, allí te encuentras. Si monto en las alas de la aurora y habito en los confines del mar, también allí me guiará tu mano, me sujetará tu diestra. Si digo: ¡Que al menos me cubran las tinieblas y la luz se haga noche en torno a mí! Tampoco las tinieblas son para ti oscuras, pues la noche brilla como el día, las tinieblas, como la luz.”

EL SEÑOR ESTÁ EN TODAS PARTES

verte

Pues, efectivamente, Dios es omnipresente; está en todas partes. Ahora bien, si nosotros  queremos ser buenos y queremos darle una alegría a Dios. Entonces, esa mirada divina nos ayudará a ser libres, nos ayudará a superar las tentaciones y, si nos equivocamos, saber pedir perdón a Dios, porque Él siempre nos perdona.

Si no queremos obedecer a Dios, si no nos interesa la vida eterna, pues,   efectivamente, esa mirada de Dios será molesta. Pero Dios nos mira con amor. Eso no hay que olvidarlo.

Dice san Josemaría en Camino:

“Es preciso convencerse de que Dios está junto a nosotros de continuo. —Vivimos como si el Señor estuviera allá lejos, donde brillan las estrellas, y no consideramos que también está siempre a nuestro lado.  Y está como un Padre amoroso —a cada uno de nosotros nos quiere más que todasn las madres del mundo pueden querer a sus hijos—, ayudándonos, inspirándonos, bendiciendo… y perdonando” (Camino, n. 267).

“Pues, Señor, ayúdanos a darnos cuenta de que esta vida se acaba, que tenemos una misión y que nos darás un gran premio. Eso también nos puede mover a actuar bien. Nos darás un gran premio, Tú siempre nos miras, pero nos miras con amor y nos miras para ayudarnos, para enviarnos las gracias necesarias para cumplir nuestra misión”.

Y, si a veces no la cumplimos, por debilidad o porque nos dejamos llevar un poco por la tentación, podemos volver siempre a ti y siempre nos vas a perdonar para que recomencemos y podamos terminar esta vida siendo fieles a ti, y podamos recibir ese premio.

Le pedimos a nuestra Madre, la Virgen, que nos mira también desde el cielo, nos acompaña y nos anima, que nos ayude a ser fieles a la misión que Dios nos encomienda.


Citas Utilizadas

Ef3, 2-12

Is 12, 2-6

Lc 12, 39-48

Sal 139

Camino, n. 267

Reflexiones

Señor, ayúdanos a ser fieles recordando que siempre nos miras con amor. Danos la gracia de cumplir bien la misión que nos has confiado y saber volver a Ti cuando fallemos.

Predicado por:

P. JUAN PABLO

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