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P. Juan

5 min

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PERDONADO A PERDONAR

Jesús nos hace conscientes del gran don que recibimos al ser perdonados por Dios y nos invita a que también perdonemos a quienes nos hayan ofendido.

Las lecturas de este domingo son, se podría decir, bastante monotemáticas, no nos dejan ninguna duda, acerca del mensaje que nos quiere transmitir la Iglesia.
Por eso ojalá que no lo dejemos pasar, que realmente lo aprovechemos para examinarnos, para poner en práctica esta enseñanza que es: “sobre el perdón”.

«Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?» Dícele Jesús: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.» (Mt 18, 21-22)

La verdad, quizá últimamente sale este tema de las heridas que podemos tener las personas, de cosas que necesitamos sanar…
Enseguida a mí me viene a la cabeza: “el perdón”. Por lo que he podido aprender, veo que es de las cosas que más sanan, liberan y que pueden hacerlo estar mejor.
Cuando uno deja de guardar un rencor, reconoce algo y perdona o también cuando es perdonado

EN LA VIDA FUTURA

Vos mismo, Jesús, nos hablas de esas cosas que se pueden desatar en la tierra, para que queden desatadas en el Cielo, en la vida futura.
Y lo primero que nos viene es la enseñanza de la parábola que hoy Jesús nos relata, es del enorme peso del que hemos sido librados con el perdón de Dios por nuestros pecados.
Porque había un servidor que debía al rey 10,000 talentos, ¡Una barbaridad! una suma inconmensurable.
Mirad que he tenido que trabajar años, si ganara la paga de un jornal, no años, miles de años para poder juntar ese dinero.
Y así tan fácil, el rey se compadece de él, que le pide misericordia, le pide tiempo, le pide que no lo vendan a él con su familia y sus bienes, se compadeció y le perdonó la deuda. ¡Así de fácil y sorprendente!
No es lo que suele pasar, si uno tiene una deuda, eso es una vida nueva. De estar agobiado, ¿cómo pagar? Cualquier cosa que poseyera debería ir para pagar esa deuda.
Y ahora se le perdonó la deuda y eso es lo que hace el Señor con nosotros, cuando somos bautizados, cuando acudimos al sacramento de la confesión, tan fácil y se nos perdonan los pecados, ¡ya está!

TU Y YO, perdonado, confesion, purificacion, niños a comer, no eres tu pecado, es del cielo
Y uno realmente ofendió a Dios, que eso es algo que a veces por ahí uno escucha, no me molesta porque no me gusta que estoy actuando así, que hice esto, lo otro.

PERDONAR EN LA CONFESIÓN

Bueno; buenísimo que no te guste, pero qué bueno que nos demos cuenta lo que es una ofensa a Dios.
Más que algo que me incomoda, que me molesta o que no me gusta, que te miremos a Vos, Señor, que sos nuestro Dios y sos nuestro Padre y nos querés y realmente te ofendemos y tanta facilidad para perdonarnos.
Claro, es tan fácil porque Vos, Jesús, moriste en la cruz, porque hace poco tuve la oportunidad de escucharlo del prelado del opus dei y al hablar de esto, decía:

«En medio minuto un sacerdote puede perdonar en la confesión y decía una cantidad de homicidios, todo tipo de pecados… y es tan fácil, porque Cristo murió en la cruz.”

Qué bueno que ya sea para valorar nuestras ofensas a Dios, como también para cuando somos perdonados.
Que no nos miremos tanto a nosotros mismos, lo que me causa a mí o si me siento o no perdonado, no ser tan autorreferenciales que a veces incluso uno no se quede tranquilo, de que Dios ya lo perdonó.
Mirarlo más a Dios, que siempre nos espera, que nos da un abrazo, que nos levanta y a quien no queremos ofender, de quien no queremos separarnos, que nos hace criaturas nuevas.
Y el segundo paso, es consecuencia lógica, también aparece en la parábola; este que se le perdonó una suma tan grande, y a él también le debían algo irrisorio al lado de esos 10,000 talentos.

¿CÓMO NO VOY A PERDONAR?

Sin embargo, este no quiere perdonar, lo manda a la cárcel al deudor, hasta que le pague, y por eso el rey se indigna, y vuelve atrás.
Eso de que había sido liberado, de toda su deuda, vuelve atrás, porque vuelve a contraer esa obligación y lo mandan a que pague.
Y nosotros, las ofensas que podemos recibir a veces, pueden ser muy dolorosas, pero al lado de lo que nosotros hemos ofendido a Dios, -por quién es Él- puede ser algo irrisorio.
Y, en cualquier caso, sí podemos decir: «Señor, esto me duele, me cuesta, pero Vos me perdonas tanto a mí, ¿cómo no voy a perdonar yo?” Dejar los juicios en manos del Señor, no pretender ser nosotros jueces.
Tantas veces en las películas, nos presentan -se ve que nos gusta-, ver el héroe de la película o en la literatura, pienso en el Conde de Monte Cristo, o tantas otras.
En donde al protagonista le hacen algo malísimo y te pasas toda la película viendo cómo se venga y como destroza a todos los enemigos y por ahí a uno le causa placer, ¡que se haga justicia!

TENEMOS QUE PERDONAR

Pero, quizá no nos hace tan bien, en cuanto a ser buenos hijos de Dios, y ser cristianos que tenemos que perdonar.
Si tengo algo que no perdoné de corazón, quizá ahora mismo puedo decir: «Señor, yo perdono, Vos me perdonas a mí, yo también perdono.
Quiero perdonar de corazón, dejar en tus manos el juicio y si me viene bronca porque me acuerdo de lo que me hicieron, porque algo me abre esa herida, debo pensar: bueno, esto ya lo perdoné y lo puse en manos de Dios.

Confesión, perdonado,
No voy a volver sobre lo mismo, voy a tratar de pasar de página, otra cosa es que, la misma persona me pueda volver a herir, bueno, ahí está muy bien protegerse.
Perdonar no es dejarse lastimar sin hacer nada al respecto, pero sí, es no guardar rencor, dejar los juicios para el Señor, y así sanar, sanarnos a nosotros, sanar al otro.
Este mundo sería mejor, habría muchas menos divisiones, odios, malestar, si hubiera más perdón.
Que es lo que el Señor nos enseña clarísimamente, y siendo por delante con el ejemplo.

PERDONAR DE CORAZÓN

Por eso, que se nos reconozca, Señor, como cristianos, como seguidores tuyos, que lo decimos cada día en el Padre Nuestro:

Perdónanos, como perdonamos a los que nos ofenden.

Porque no somos rencorosos, porque sabemos perdonar de corazón, y se lo podemos pedir a la Virgen María, nuestra madre.
Que ella nos ayuda tanto a encontrar el perdón en Dios, cuando nos hemos apartado de Él, a volver con humildad y pedirle al Señor perdón para volver a empezar.
Qué alegría es, cada vez que volvemos a empezar. ¡Como nos ayuda también a dar el perdón, a perdonar a los que nos puedan ofender!
Y porque somos hermanos, porque el Señor nos manda perdonar, tampoco sabemos nosotros en el fondo de las conciencias, por qué la gente actúa como actúa.
Que estas lecturas, Señor, nos den un empujón en toda la Iglesia, para que haya más perdón, más unión entre nosotros y así también estemos más unidos a Vos.


Citas Utilizadas

1Co. 10, 14-22
Sal 115
Lc 6, 43-49

Reflexiones

P. Juan, Argentina, Parábola del deudor, perdonar de corazón, somos perdonados, rencor.

Predicado por:

P. Juan

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