CARIDAD DEL BUEN SAMARITANO
Jesús, me pongo hoy en tu presencia, hoy que celebramos la memoria de santa Faustina Kowalska, que fue la apóstol de tu divina misericordia. Ella no fue a campos de batalla, no recorrió caminos lejanos... Desde la clausura y la aparente pequeñez de su celda, vio los rayos de tu corazón, esa sangre y agua que se convirtieron en cauce para que tu compasión inundara el mundo entero. Sí, podemos decir que ella sostuvo en la retaguardia la obra redentora.
Señor, al abrir el Evangelio y mirar el texto que la Iglesia nos propone hoy, que es la parábola del buen samaritano, casi siempre nos fijamos en el herido, o en el hombre que se detiene en el camino, o en la falta de misericordia del fariseo o del sacerdote. Pero hoy día quisiera mirar contigo a otro personaje imprescindible: el mesonero, el dueño del alojamiento a cual acude el buen samaritano para dejar al herido.
Nos imaginamos la escena en Jericó. El posadero está en sus labores cotidianas, en su negocio ordinario, cuando de repente alguien golpea su puerta con un hombre medio muerto sobre una cabalgadura.
El mesonero no vio el asalto, tampoco estuvo al borde del camino; de hecho, no fue él quien vendó las primeras heridas con aceite y vino.
Sin embargo no se cierra, no dice: esto no es asunto mío, busca un hospital, aquí sólo recibo huéspedes tranquilos. Al contrario, este hombre abre las puertas y el buen samaritano entra con el herido, se pone en la habitación que le habrán sugerido, habrá completado de lavar a ese que había socorrido en la calle y después
“le entrega al posadero dos denarios y le dice: Cuida de él y lo que gastes de más yo te pagaré a mi vuelta”. (Lc10, 35)
LA CARIDAD DE LA DISPONIBILIDAD
¡Qué elección de confianza mutua! Sí, el samaritano tiene que seguir su marcha, pero no abandona al herido porque encuentra manos de auxilio. El posadero representa la caridad de la disponibilidad.
O sea, él no se niega, ayuda al que le hace falta: hacer sitio, primero convertir el propio espacio y el trabajo cotidiano en refugio de curación, luego también acepta el encargo, o sea, se convierte en el eslabón de relevo en esta obra de caridad.
Finalmenye confía en la recompensa divina. Sabe que el Señor va a pagar con creces –ese samaritano, en este caso– lo que se gaste de más en el servicio.
Vale la pena pensar que efectivamente todos tenemos esta posibilidad de hacer sitio en nuestra vida, de aceptar el encargo de cuidar de los demás, de confiar en la recompensa en este caso divina, porque el Señor, eso es lo que espera de nosotros: que sepamos comportarnos como este buen posadero.
POSADERAS PARA NUESTROS HERMANOS
Jesús, ¿cuántas veces sentimos la impotencia de no poder acudir físicamente a curar las heridas del mundo? Quisiéramos estar a veces en primera línea porque nos conmovemos ante alguna injusticia, ante algún desastre natural, pero claro, nuestra vocación, nuestros deberes ordinarios o incluso la distancia geográfica nos tienen en otro sitio. Sin embargo, aquí el Evangelio nos enseña claramente que todos podemos cooperar en el rescate.
Si no nos toca ser el que baja al barranco, nos toca ser el mesonero que prepara la cama, que vigila la fiebre por la noche, que da la sopa caliente a ese hombre que ha sufrido el embate de los asaltantes. En definitiva, igual que el posadero que aporta los medios materiales para que la ayuda no se detenga.
Yo creo que esto es lo que hemos hecho con la comunidad de Hablar con Jesús. Y Señor, hoy aprovecho para agradecerte. Cuando ocurrió el terremoto de Venezuela y pudimos hacer una buena recogida de fondos, una colecta, alcanzamos a levantar más de diezmil dólares que se canalizaron con la parroquia de LaTahona y allá con colegios y todo, que no es que sea una gran cantidad, pero para nuestra gente sí. Y yo la verdad que me sentí muy feliz de ver cuántas personas donaban, porque donaban 20, 40, 50…
CARIDAD SIN ESFUERZO
O recuerda, poco después que nos enteramos que los niños en el mismo Caracas estaban siendo abducidos o que les estaban buscando, enseguida buscamos cómo ayudar y nos sumamos a los esfuerzos de la fundación de Tim Ballard
(Tim Ballard Foundation), para rescatar a esos niños víctimas de trata y volvimos a hacer otra campaña y se levantaron más de doce mil dólares que ahora están sirviendo justamente para esos esfuerzos que se continúan haciendo ahí.
Y después llegaron inmediatamente los desastres en Colombia y también ahí no nos cruzamos de brazos, sacamos otra iniciativa para levantar y luego hemos estado haciendo campañas con ACN La Iglesia que sufre.
AYUDAR A SOSTENER LOS BRAZOS DE MOISÉS
Y bueno, ¿por qué es importante que Hablar con Jesústambién se meta en estos ámbitos? Porque es seguir este mismo ejemplo que el Señor nos pone.
En la parábola del buen samaritano, el que hace la función más importante es el samaritano. Aquí podríamos decir son los que ponen las manos y también su esfuerzo, su tiempo, su patrimonio en estar ahí. Pero nosotros también podemos ayudar a los que están ahí.
No estamos nosotros físicamente, pero podríamos decir que en estos casos que he narrado fuimos la posada. Facilitamos que los que estaban en el terreno pudieran seguir vendando heridas. Tener esta convicción de ser la retaguardia de los buenos samaritanos, que definitivamente es una vocación altísima y profundamente sacerdotal, sostener los brazos de Moisés mientras se libra la batalla en el valle.
¿Te acuerdas de esa escena del Éxodo? En cuanto Moisés bajaba los brazos, el pueblo israelita perdía la guerra. Entonces Aarón y la verdad no recuerdo quién más, no sé si era María, se ponen al lado de Moisés y les sostienen los brazos para que no los bajen. Y así gana la guerra que duró casi todo el día. (ref. Ex 17, 11-12).Bueno, a veces nuestro trabajo tal vez no es el de tener los brazos levantados, sino el ayudar a alguien más a que los tenga.
SOR FAUSTINA KOWALSKA
Pero miremos de nuevo a santa Faustina Kowalska. Señor, ella es como el vivo ejemplo de cómo la aparente pasividad exterior se convierte en motor del mundo cuando se une a tu corazón.
En los diarios de santa Faustina se recogen unas palabras, Señor, que ella pone en tu boca. No sabemos si fue exactamente así, pero ella así lo ha transmitido. En principio ella escribe que Tú has dicho:
“Exijo de ti obras de misericordia que deben surgir del amor hacia mí. Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes. […] Por acción, por palabra y por oración”.
Y sí, sabemos que Faustina no rescataba a las personas físicamente, pero con su oración y su docilidad movía los corazones hacia la fuente de la gracia. Y así quisiéramos actuar también nosotros, Señor. Ayudar con la oración constante. Ahora mismo pedimos por todos aquellos que lo necesitan, por los que sufren, por los que rescatan.
SEAMOS PUENTES
Vamos a ayudar también movilizando las conciencias de quienes nos escuchan aquí en Hablar con Jesús, haciendo también de puentes en lo que podamos entre la necesidad y la generosidad. Y también ayudar con nuestro desprendimiento material, poniendo nuestros propios dos denarios al servicio del bien.servicio del bien.
Por eso, Señor, ¿cómo puedo ser yo bueno hoy? ¿Cómo aplicar esto a mi propia vida? Bueno, eso es lo que quisiera que me ayudes, Señor, a dar la vuelta a todas estas cosas. A no quejarme cuando un encargo o una molestia altere mi agenda. Ver en esa interrupción a un hermano que traes a mi posada. A hacer nuestras las tareas que son las que te gustan, Señor.
Señor Jesús, concédenos un corazón ancho como el de santa Faustina, capaz de compadecerse con tu mismo amor misericordioso. Y danos la humildad y la fidelidad del posadero de la parábola, que cuando nos pidas cuidar de los tuyos te digamos, sin reservas y sin buscar protagonismo, que sí.



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