En todas las familias los cumpleaños son importantes y en particular un cumpleaños que tiene especial realce en cada familia, es precisamente el cumpleaños de la mamá.
Y hoy en la familia de la Iglesia estamos de fiesta, porque celebramos el cumpleaños de la santísima Virgen María.
El cielo, la tierra, todo el universo, todo lo creado, los ángeles, los santos, las almas del purgatorio, todos celebran con alegría este día, en que estamos realzando esa característica tan importante de la Virgen Santísima: ¡su maternidad!
Ella, hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo, esposa de Dios Espíritu Santo, reina y soberana de todo lo creado, está de cumpleaños.
Me parece que nos puede servir, imaginarnos el nacimiento de la santísima Virgen María.
Contrasta un poco con lo que acabo de decir, con la imaginación de esa escena, porque si bien ahora todos estamos celebrando con alegría este nacimiento, este aniversario más bien; su nacimiento fue sencillo, discreto.
Parece que es un evento más en el transcurso de la historia del mundo, algo de ordinaria aceptación.
RADICALMENTE DISTINTO
No pasa nada, pero en realidad, es un cambio radical de la historia, ha nacido la reina, la que va a ser madre de Dios, la que será madre no solo del Señor, que no es poco, sino madre de todos nosotros.
Es ese cambio radical de la historia, en nuestra vida parece también que las cosas que nos suceden son cosas ordinarias, corrientes, pero, así como el nacimiento de la Virgen María, fue un cambio, un hecho radicalmente distinto.
Nosotros podemos transformar también por el amor con Él, afirmados en el amor de Dios, con el amor de Dios, todas las cosas, hasta las más pequeñas, todo es importante.
Todo en nuestra vida puede transformarse en un camino de unión con Dios, hay un punto de san Josemaría, en Camino, que dice:
De que tú y yo nos portemos como Dios quiere —no lo olvides— dependen muchas cosas grandes. (Camino, 755)
La Virgen lo tenía clarísimo, de su “Sí” dependían muchas cosas grandes, pero no solo la Virgen, sino tú y yo también.
De que tú y yo nos portemos como Dios quiere, dependen muchas cosas grandes, como la Virgen, nosotros también hemos sido elegidos para algo grande.
MANIFIESTAN EL AMOR
Aunque a los ojos del mundo no sea algo grande, porque, sí, puede que a nadie le interese tanto un despertarse en la mañana a la hora y levantarse de la cama, un triunfo a la hora de no comerse algo que a uno le gusta.
Puede parecer casi superfluo o innecesario, ese hombro que pone una persona ante un amigo que está triste, el escuchar al que necesita ser escuchado.
Puede parecer algo muy irrelevante, que uno deje de hacer algo por amor a otra persona, que un papá se sacrifique por sus hijos, que una mamá esté en vela por amor a su hijo enfermo, etcétera.

Pero esas son las cosas que manifiestan el amor y esas son las cosas grandes que nos pueden conducir hacia el Cielo.
Pidamos a nuestra madre que nos ayude a ver nuestra vida como ella la veía, que nos ayude a ver el mundo con los ojos del Señor.
Para descubrir la grandeza de lo de siempre, de lo ordinario, porque ese es nuestro lugar de encuentro con Cristo.
San Josemaría nos lo repetía muchas veces, que es el mundo, nuestro trabajo, nuestra vida familiar, nuestra vida social, es ahí donde podemos encontrarnos con el Señor, en nuestro día a día.
Como la Virgen se encontró con el Señor desde su nacimiento, hasta su Asunción al Cielo, y cómo abrazó a su Hijo cuando llegó ahí, y fue coronada reina y madre de todo lo creador.
Y ahí en el Cielo, hoy estará celebrando de modo especial este nuevo aniversario de su natividad: su cumpleaños.
Su cumpleaños es distinto de los cumpleaños de la tierra, nosotros estamos acostumbrados a poner en el centro al que está de cumpleaños.
EL DÍA DE SU CUMPLEAÑOS
Le llevamos regalos, lo felicitamos, ser nosotros quienes lo servimos al que está siendo celebrado.
En el Cielo, es distinto, las costumbres son distintas, es el protagonista el que se da a los demás.
Es como aparece en esa novela del escritor inglés Tolkien, que los cumpleaños de los hobbits eran distintos, porque el que celebra su cumpleaños era quien daba regalos a todos los demás.
Y era una práctica que le gustaba mucho, porque así cada día, casi uno podía recibir un regalo.
Bueno, así es nuestra madre del Cielo, el día de su cumpleaños es ella la que reparte gracia a manos llenas.
Así es, María, es muy generosa y tiene muchas ganas de consentirnos, sí, consentirnos a cada uno de sus hijos.
Quiere ayudarnos a recibir esas gracias para poder llegar al Cielo, y esos regalos que nos da nuestra madre son innumerables.
En primer lugar, lo más importante es que nos trae a Jesús. Sí, ella dijo que “SI” en esta tierra, cuando el ángel le dijo que, si ella podía ser madre de Dios, dio a luz a Jesús en esta tierra y nos lo trae continuamente a nuestra vida.
La Virgen es la que nos va trayendo a Jesús y nos lo regala cada día cuando vamos a buscarlo.

Cuando le rezamos a ella, recibimos a Jesús, es el mejor regalo que nos puede dar, nos deja también su propia vida, nos enseña cómo llegar al Cielo porque ella ya recorrió este camino.
TUS ORACIONES FAVORITAS
Se aparece en momentos de necesidad, se aparece de modo discreto, casi sin que nos demos cuenta.
Pero a veces también aparece de modo más evidente y tenemos tantos testimonios como la Iglesia nos ha ido mostrando o aprobando esas apariciones, Guadalupe, Lourdes, Fátima y tantas otras que habrán sucedido a lo largo del tiempo.
Quizá no sabemos tanto, pero cada una de esas apariciones muestra, esa protección maternal suya, esos regalos que nos quiere traer a nuestra vida.
Nos regala su protección cada vez que rezamos un misterio del rosario, un acordaos, un: Bendita sea tu pureza, un: Oh señora mía, o cualquier oración que nos guste.
Cada uno tendrá sus oraciones favoritas. Cada vez que le pedimos su ayuda, ella viene a protegernos, ella viene a cuidarnos.
Y este día, el 8 de septiembre, la natividad de la Virgen María, ella estará aún más presente de lo normal.
Pensar qué regalos necesitamos, pensar qué cosas queremos pedirle a nuestra madre.
Hace unos días escuchaba una meditación en que un sacerdote nos animaba a pedir, pedir mucho a la Virgen, porque, si nos conviene ¿Por qué ella nos va a negar algo? ¿Por qué nos va a negar lo que nos va a ayudar a llegar a la santidad?
Madre nuestra, te pedimos que nos ayudes a ser santos, y ahora también en estos últimos segundos que nos quedan de este rato de oración, queremos también pensar qué regalo te queremos hacer nosotros.
Porque recibimos mucho de ti, pero también queremos regalarte algo, queremos regalarte nuestro corazón, nuestro amor, todo lo que tenemos.
Y en este día quizá alguna oración especial, Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros.



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