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P. Juan Manuel

7 min

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MADRE DE LOS MÁS POBRES

El testimonio de la Madre Teresa de Calcuta -totalmente evangélico- ha puesto en evidencia que toda persona es digna de ser tratada con respeto al margen de su condición económica; cuando levantó de la mugre de los callejones de Calcuta al primer moribundo para ayudarle a encontrar la última paz estaba proclamando su fe en el ser humano.

El 5 de septiembre de 1997, el presidente de Francia, Jacques Chirac, pronunció las siguientes palabras:

«Desde hoy hay en el mundo menos amor, menos compasión, menos luz. El mundo está triste»

Y el motivo de esta declaración era la muerte de esta religiosa que hoy celebramos.
Una religiosa de la lejana india, una monja que consoló a los pobres, a los que sufrían, a los moribundos como desafío y fuente de inspiración para todos los hombres.
Una mujer que fue premio Nobel de la paz y que pasará la historia como la santa de los desamparados, la santa de los afectados, de los más necesitados, la santa de los marginados, de los moribundos, de los pobres, de los más pobres.
Fue llamada incluso el ángel de la caridad y muy reconocida universalmente como esperanza de los pobres. Su nombre, “santa Teresa de Calcuta”.
Esta frágil y enérgica mujer que hoy celebramos, ha generado en nuestra generación y en muchas otras personas un signo que va en contra del consumismo, un signo de contradicción de este este mundo tremendo.

AL MÁS POBRE DE LOS POBRES

Un testimonio que ha puesto en evidencia que toda persona es digna de ser tratada con respeto, ahí en medio de las casas de Calcuta.
Estoy leyendo ahora el libro: “La ciudad de la alegría”, y la madre Teresa ha recorrido todas esas ciudades, incluso especialmente: Calcuta.
Pero cómo también ha llevado adelante ese cuidado del moribundo, ese cuidado del más necesitado, del más pobre de los pobres.
Ha sido un signo de contradicción, también porque ha gritado contra las conciencias de los ricos.
Ha sacado también a los cristianos de ese apoltronamiento, de esa indiferencia, de esa omisión a ayudar a los demás.
Y con su grito silencioso, la Madre Teresa también ha puesto en evidencia que, ante una sociedad consumista, la urgente necesidad de vivir en solidaridad nos toca a todos.
Pero, sobre todo, la madre Teresa de Calcuta, y hoy lo recordamos en su fiesta, ha sido una religiosa ejemplar.
Estaba cautivada por el Señor, estaba enamorada de Dios, estaba enamorada de la Eucaristía.

VAMOS A REZAR MÁS TODAVÍA

Siempre cuentan como las monjas de su comunidad, una vez que tenían muchas actividades, le piden por favor adelantar un poco más la actividad y quitar un poco de oración.

REZAR, se quien eres
Y la madre Teresa dijo: «Lo voy a rezar», y al rato les dice: «Vamos a hacer una cosa: ¡Vamos a rezar más todavía y después vamos a ir a la acción!
Después vamos a ayudar a los más pobres, porque efectivamente, esta fundadora de la Congregación de las Misioneras de la Caridad, fundamentaba todo en la oración, en la Eucaristía.
Y si bien, es una de las grandes figuras de la historia del siglo XX, su ejemplo es un protagonismo que sigue adelante, no se ha cerrado.
Uno ve como la Madre Teresa estuvo con grandes personalidades o como también, en la Iglesia se han acercado a ella también ayudarla.
Pero a la hora de su muerte, dejó una estela de simpatía y una llamada a la conversión, una llamada a la solidaridad que todavía hoy sigue vigente, ese mismo celo y amor que tenía Jesucristo.
Hoy el Evangelio nos habla de cómo Jesús iba caminando también con sus discípulos y algunos comieron de esos panes que no estaban permitidos comer en sábado.
Y Jesús les habla de esos otros personajes, que con David en la ciudad de Nob, están caminando por entre los sembrados y también comen, aunque no podían.
Y David les dice:

«Bueno, con una condición, si ellos están en gracia, si están limpios, pueden comerlos». Y le dice que sí. (1 Sam, 21)

Bueno, la madre Teresa le dio de comer de ese pan a todos estos desamparados. Esta mujer: Anjezë, no te pronuncio el apellido, porque no me lo sé, es muy difícil de pronunciar.

UNA SANTA MUJER

Es una persona que nació ahí en Albania, en una ciudad llamada Skopie, o algo parecido, y hoy es la República de Macedonia, su capital.
Nació en el seno de una familia bastante católica y recordaba ella de su infancia, con un poco de orgullo, que decía que su madre era una santa mujer.
Los había educado unidos en el amor a Jesús, y ella misma, su madre, contaba, los preparó para la primera comunión y de ella aprendieron a amar a Dios sobre todas las cosas.
Desde muy pequeña, con 12 años, sintió esa llamada a la vocación religiosa y de esa misión que le llenó de amor a Dios.
Aun siendo adolescente, a la edad de 18 años, ingresó cerca de Dublín en la congregación de las hermanas de Nuestra Señora de Loreto, en una vocación que pensaba que era para ella lo que Dios le pedía, eran las damas irlandesas.
Pero ya después, en octubre de 1928, decía ella que seguir su vocación fue un sacrificio que Cristo le pidió a ella y a su familia, puesto que eran de una familia muy unida y muy feliz.
En noviembre de ese mismo año sale en barco hacia la India, llega a Calcuta el 6 de enero de 1929 y realiza ahí también el noviciado que tenía esa ilusión por buscar la profesión religiosa y la consigue finalmente 25 de mayo de 1931.
Adopta el nombre, profesa el nombre de Teresa, pero decía ella que no fue el de Teresa la Grande, sino que eligió el nombre de Teresa, la pequeña, la del Niño Jesús.

EL PREMIO NOBEL DE LA PAZ

Durante varios años se dedicó a la enseñanza, dio clases, estuvo con un montón de personas, pero sabía que había algo más que Dios quería para ella.
Algo que no era tan fácil, era algo que Dios necesitaba de ella, no solamente para después ganar el Premio Nobel de la Paz, porque de hecho no lo buscó.
Es famosa esa anécdota cuando le cuentan que no entiende cómo la madre Teresa hacía esas cosas, que ni siquiera por un millón de dólares esa persona haría eso que hacía ella.
Y ella también le dice lo mismo: «No, es que yo no lo hago por un millón de dólares, yo lo hago por amor a Dios».
¿Cómo es nuestra fidelidad a los planes de Dios? ¿Estamos conscientes de que Dios también nos llama a esa santidad, como lo buscó esta madre Teresa o esta santa Inés, porque al fin y al cabo Anjezë (Agnes) significa Inés?

héroes, se quien eres
Ella tuvo también esa entrega total, que Juan Pablo II le rindió ese homenaje en público, una vez cuando se dirigía a ella que le tenía un gran afecto, decía Juan Pablo II:

«Me es grato recordar en este momento de oración a la queridísima hermana, Madre Teresa de Calcuta, que hace dos días ha concluido su largo camino terrenal, Misionera de la caridad».

DEJARLO TODO

Esta ha sido la madre Teresa de nombre y, de hecho, ofreciendo un ejemplo tan fascinante como para arrastrar consigo a muchas personas dispuestas a dejarlo todo para servir a Cristo.
Comenzaba todos los días antes del alba, frente a la Eucaristía. En el silencio de la contemplación, la madre Teresa de Calcuta sentía resonar el grito de Cristo en la cruz: «Tengo sed».
Este grito acogido en lo hondo del corazón la empujaba a las calles de Calcuta y de todos los suburbios de la periferia del mundo, a la búsqueda de Jesús en el pobre, en el abandonado, en el moribundo.
Universalmente reconocida como madre de los pobres, dejó un ejemplo elocuente para todos.
Nos deja el testimonio del amor de Dios que, acogido por ella le ha cambiado la vida en un don total a los hermanos.
Las obras que ha realizado hablan por sí solas y expresan a los hombres aquel alto significado de la vida que por desgracia parece a menudo perderse.
Siguiendo el Evangelio se ha hecho buen samaritano de toda persona que ha encontrado, de toda existencia en crisis sufridas y despreciadas.

Vamos a pedirle a santa Teresa de Calcuta, que hoy en su fiesta, sepamos descubrir ese amor a la caridad al más necesitado.

PEREGRINAR POR AMOR

Lo decía ella:

«El fruto del silencio es la oración. Y el fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio y el fruto del servicio es la paz»

En esa paz, en ese servicio, en ese amor, en esa fe y en esa oración acudimos a Jesús.
Para que sepamos dar a todos, esas maravillas que Dios quiere hacer, cuando de verdad ponemos ese rostro de Jesús en el más necesitado, en el más pobre.
Vamos a pedirle a nuestra madre Santa María, así como ella también murió, santa Teresa de Calcuta murió ya entrado los años, que sepamos nosotros también dar ese testimonio hasta el final.
Que, así como ella tuvo que sufrir mucho durante su vida, sepamos nosotros también descubrir que, como santa Teresa de Calcuta, podemos también peregrinar por amor a los más necesitados.
Por amor a los que están esperando también de nuestra parte ese Cristo que también vive en nosotros.


Citas Utilizadas

1Co 4, 6-15
Sal 144
Lc 6, 1-5

Reflexiones

¡Señor, ayudanos a imitar a santa Teresa de Calcuta, a olvidarnos de nosotros mismos para servir a los más necesitados!

Predicado por:

P. Juan Manuel

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