Hay personas por las que uno reza mucho, muchísimo, al comienzo sí uno puede rezar con toda la fe, con toda la ilusión, pide, por ejemplo, por una persona todos los días, la lleva a la misa, se acuerda de ella en el Rosario, incluso hacer alguna mortificación, ofrece algún pequeño sacrificio y esa persona te puede decir a Ti Jesús, ¡Jesús ayúdalo!, ¡Jesús ayúdala!, ¡Jesús que vuelva! ¡Que cambie! ¡Que te encuentre!.
Pero pasan los meses y a veces pasan los años y aparentemente no pasa nada y claro uno se puede cansar.
SANTA MÓNICA

Hoy celebramos la memoria litúrgica de una mujer que sabía mucho de esto, Santa Mónica, vamos a encomendarnos a ella este rato de oración y te propongo que nos vamos con la imaginación a Ostia, cerca de Roma; Mónica y su hijo Agustín están a punto de emprender un viaje, han pasado muchas cosas, muchísimas, están descansando en una casa.
Y san Agustín cuenta que están ahí en la casa y de repente se asoman a la ventana, se apoyan en la ventana que daba al jardín interior de la casa y se ponen a conversar.
Antes de escuchar lo que hablaron vale la pena mirar un momento a Agustín, porque en ese momento tiene 33 años, pero claro para llegar a esa ventana con 33 años, tuvo que recorrer un camino larguísimo; él había sido un joven brillantísimo, inteligente, inquieto, ambicioso, quería conocer, quería triunfar, quería disfrutar de la vida, pero durante muchos años buscó la felicidad lejos de Ti, Señor, lejos de Dios.
Llevo una vida bastante frívola, desordenada, había tenido relaciones afectivas complicadas, incluso había tenido un hijo fuera del matrimonio, se había dejado seducir por doctrinas alejadas de la fe cristiana, pero buscaba respuestas por todas partes y no quería encontrarlas donde su mamá le decía que estaban.
Entonces, ¿Qué hace Mónica? ¿Qué de todo? eso pues rezar, pedir, creo que ninguno de nosotros se puede imaginar, bueno, las que son mamás sí, pero no nos podemos imaginar lo que significa ser mamá y ver a un hijo que quieres con toda el alma, por ahí tomando caminos que no le hacen bien, lejos de Dios.
SANTA MÓNICA REZABA POR EL CORAZÓN DE SAN AGUSTÍN
Mónica no rezaba simplemente para que Agustín recibiera los sacramentos, rezaba por su vida pasado por su corazón, por su felicidad, para que dejara aquella vida.
Muchas veces eso superficial, para que verdaderamente encontrara a Jesús, la Verdad qué eso que estaba buscando, finalmente lo encontrara, que encontrara a un hombre Jesucristo.
Rezaba cuando veía algún resultado y rezaba cuando no veía a ninguno, rezaba cuando tenía esperanza y seguramente cuando estaba agotada de pedir y de rezar.
Y por eso es bonita esa escena, los dos ahí apoyados en una ventana, ese hijo por el que había llorado tantos años hablando con ella.
Y dice San Agustín que hablaba muy dulcemente.
Señor, ahora que estamos haciendo oración podemos preguntarnos si yo tengo por ahí algún Agustín por el que rezar, una persona que queremos, una persona que nos preocupa y que quizá está alejada de Ti.
Bueno pues vamos a pedir por esa persona con más ganas, con más fuerza, más fe.
¿QUIÉN ES MI AGUSTÍN?
¿Quién es mi Agustín? Señor, quiero seguir rezando, no quiero detenerme, quiero aguantar, quiero perseverar.
Entonces cuando están hablando ahí con Mónica, ella le dice algo: “Una sola cosa me hacía desear que mi vida se prolongará por un tiempo, el deseo de verte cristiano católico antes de morir” eso era lo que había pedido Mónica y dice: “y Dios me lo ha concedido con creces”.
DIOS LE CONCEDIÓ A SANTA MÓNICA MUCHÍSIMO MÁS

Con creces, ¡Qué palabras! Ella había pedido la conversión de su hijo y Dios le había dado muchísimo más.
Mónica todavía no podía imaginar hasta dónde iba a llegar la historia de san Agustín, no sabía que aquel hijo por el que había llorado tanto, sería sacerdote, obispo, santo, no sabía que sus palabras atravesarían los siglos.
No sabía que millones de personas encontrarían luz para acercarse a Dios, leyendo sus libros, sus palabras.
Sí, ella había pedido una cosa, pero Dios le había concedido con creces y pensando en esto Jesús hoy quiero poner delante de Ti algo que qué ha pasado aquí en mi país en Colombia.
TERREMOTO EN COLOMBIA
En estas últimas semanas dos personas me hicieron caer en la cuenta de algo me dijeron: “Padre oiga, mire, en “Hablar con Jesús” pues yo no he escuchado que todos recemos juntos por quienes están sufriendo las consecuencias del reciente terremoto en Colombia. Nadie ha mencionado nada, nadie ha pedido oraciones.
Y yo le pedí disculpas, le dije: “si tenés razón” y puntualmente mea culpa, mea culpa.
Eso puede ser una tentación muy humana, Señor a mí no me pasó nada, tampoco mi familia, mi casa está bien, mis amigos están bien, es verdad sí en las noticias pues hay salen muchas cosas, personas sufriendo, muchos vídeos en redes sociales; los daños personas con miedo, personas solas, personas que han perdido todo, pero pues a mí no me pasó nada Señor y nos podemos quedar allí como si nada.
NO PODEMOS QUEDARNOS INDIFERENTES
Pero también podemos preguntarnos bueno está bien, listo y ¿Qué puedo hacer yo? lo primero, no vivir indiferentes, no queremos acostumbrarnos al sufrimiento de los demás simplemente porque aparece en una pantalla y después con el dedo pues seguimos bajando, scrolleando buscando otras imágenes, otro video, otra noticia, otra cosa.
Hay familias, hay gente con miedo, alguien que perdió una persona querida, a un ser querido o a varios, o su casa, hay alguien que no sabe muy bien qué va a pasar mañana.
¿Cómo podemos ser indiferentes ante eso? no podemos.
Bueno entonces, ¿Qué hago? pues qué hago me voy pal Choco, estos días un grupo de estudiantes de la universidad salieron para Chocó y me vinieron a pedir la bendición de viaje, como capellán les dije: oye pero ustedes por qué me avisaron que iba en para Chocó yo quiero ir con ustedes.
Bueno la verdad no me podía ir.
PODEMOS REZAR

Señor, si podemos rezar es hacer algo, rezar es tomar el dolor de otra persona y llevarlo hasta Jesús, eso hizo santa Mónica durante muchos años.
Había cosas de la vida de san Agustín que ella no podía cambiar, no podía meterse dentro del corazón de su hijo, no podía obligarlo a creer, no podía tomar por él las decisiones que tenía que tomar, pero sí podía llevarlo a Dios y eso hizo.
Señor pues hoy nosotros queremos hacer algo, nos ponemos delante de Ti y llevamos a esas personas que están sufriendo por este terremoto, en Chocó, en Cali, en Pereira, en Manizales, tantos lugares, tantas familias, muchos han fallecido, sus familias, los heridos.
Señor te pedimos también por los organismos de socorro, por los voluntarios, por los médicos, por los que están trabajando, por quienes están haciendo llegar alimentos, ayuda, compañía.
Que el sufrimiento de los demás nos importe, que no pensemos pues que a mí no me pasó nada, no puede ser.
Santa Mónica enfermó, a la de años Mónica enferma ya tiene 56 años ella y san Agustín 33, en un momento pierde el conocimiento y sus hijos corren hacia ella, cuando vuelve en sí, los ve preocupados y entonces pues uno de ellos le pide: “Mamá, ¿Qué quieres? ella le dice: sepultan este cuerpo en cualquier lugar, lo único que os pido es que os acordéis de mí ante el altar del Señor en cualquier lugar donde estés”.
Es bonito porque ahora Mónica es la que le dice a Agustín que rece por ella.
¿Cómo va a rezar San Agustín por su mamá? cómo va a devolver esas oraciones.
EJEMPLO DE FE Y PERSEVERANCIA
Bueno pues Señor gracias por darnos el ejemplo de fe, de perseverancia, e insistencia de Santa Mónica.
Ayúdanos a nosotros también a rezar con fe.
Acudimos a Nuestra Madre Santa María, la Virgen ella también supo esperar, también conoció el dolor, ella también permaneció junto a la cruz cuando humanamente pareciera que todavía había terminado.
Madre nuestra enséñanos a permanecer, enséñanos a rezar, enséñanos a confiar, a esperar.
Santa Mónica, tú que rezaste tantos años por tu hijo, ayúdanos a no cansarnos y Jesús hoy ponemos delante de Ti nuestras intenciones y dentro de esas intenciones, ponemos a las personas que están sufriendo las consecuencias del terremoto que hubo en Colombia hace pocas semanas.



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