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VOLVER A SER NIÑOS

Jesús nos propone algo hoy sorprendente: convertirnos y hacernos como niños. Quizá hemos aprendido a ser independientes, a resolver problemas, a controlar nuestra vida y hasta a disimular lo que nos pasa. Pero delante de Dios podemos volver a ser pequeños.

HACERNOS NIÑOS PARA ENTRAR AL CIELO

 Señor, hoy me meto en una escena del Evangelio como uno más. Estás con tus discípulos, llevan tiempo ya siguiéndote, han visto cómo haces milagros, te han escuchado hablar ya varias veces del reino de los cielos, han dejado cosas importantes para seguirte. Y hacen cuentas porque son humanoshacen cuentas y entonces te hacen una pregunta: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? (Mt 18, 1)

¿Quién es el más importante? ¿Quién está más arriba? ¿Quién cuenta más? ¿Quién ha llegado más lejos? Y Tú,Jesús no respondes inmediatamente. Haces algo: llamas a un niño quizá miraste por alrededor y has visto varios niños con sus mamás y con sus hermanitos y bueno, llamaste a uno de esos niños.

 Me imagino ese momento: se acerca el niño, se acerca su madre; el niño se acerca, te mira con mucho cariño, sin darle muchas vueltas tampoco, simplemente porque lo llamaste, no se pone a calcular. Y no mira a los apóstoles, no piensa qué van a pensar de él o se pone a calcular eso, que dirán de mí. No.

Se acerca a Ti. Se acerca, yentonces lo pones en medio. Y ahí está Pedro que mira al niño y también Juan y su hermano Santiago y los otros, y todos como a ver qué va a hacer Jesús. Y entonces dices: en verdad os digo que, si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos (Mt 18, 3).

 ¿COMO PUEDO SER COMO NIÑO?

Jesús, te hago una pregunta: yo quiero ir al cielo. Entonces, ¿cómo puedo hacerme niño? Esta es la pregunta de este ratico de oración. Van pasando los años, más bien pienso que me voy haciendo más mayor, más viejito.

¿Cómo puedo hacerme niño? Señor, y mientras me voy haciendo mayor, voy aprendiendo muchas cosas. Vamos aprendiendo, por ejemplo, a defendernos, vamos aprendiendo a disimular, a quedar bien, a ir resolviendo solos los problemas. Un niño, en cambio, todavía no sabe cómo complicarse. Es muy descomplicado.

¿Cómo hacernos niños? ¿Cómo me hago niño? Yo pienso en el evangelio, pues aparecen muchos personajes, aparecen muchas personas, Señor, que te siguen. ¿Quiénes de esos personajes, quienes de esos amigos tuyos en el Evangelio se volvieron niños, siguieron tu sugerencia, te hicieron caso?

 ZAQUEO, SIN IMPORTAR EL QUÉ DIRÁN

 El primero que se me ocurrió fue Zaqueo. Porque sí, parece un niño, no solo por su estatura, sino también por lo que hace. Es un hombre importante, tiene dinero, tiene una posición, es jefe de publicanos. Pero un día Jesús pasó por Jericó y Zaqueo inmediatamente sintió en su corazón un deseo muy grande, Señor, de verte.

 El problema es que es era bajito y había mucha gente y no lo dejaban ver a Jesús, que pasaba ahí por su pueblo. Entonces hace una cosa que solamente hacen los niños: se sube a un árbol.

Un hombre adulto, bien vestido(probablemente lo estaba) era un hombre conocido, pero qué va ¡va y se sube a un árbol! No tiene mucho reparo en que van a hablar de él, en que van a comentar, en que nadase trepa a un árbol. Y solo porque quería verte y ya.

NIÑO CON CORAZON LIBRE

 Señor, quizás hacerse niño comienza por recuperar un poquito esa libertad interior. Que no me importe tanto qué van a pensar, que no me dé pena Señor, hablar de Ti o entrar a hacer una visita al santísimo, a un oratorio.

Que no me dé pena rezar, que no me dé pena decirle a alguien que estoy rezando por él, por ejemplo. Que no me dé pena, Señor, hacer fila para confesarme después de varias semanas o meses o años. ¡No! Zaqueo se subió al árbol porque quería verte.

¿Y tú qué hiciste? Levantaste tu mirada. Qué bonito pensar, Señor, que muchas veces has levantado esa mirada para decirme: Ey! Baja enseguida porque hoy tengo que alojarme en tu casa. ¿Y qué hace Zaqueo? Baja; baja del árbol a toda velocidad. Quizá pegue un brinco, se dan cuenta todas las personas Uy, pero Zaqueo es ágil. ¡Tiene agilidad! Los niños son ágiles, reaccionan rápido. Pues, Señor, yo quiero buscarte así también, sin tanta complicación. Quiero verte, quiero estar contigo.

NIÑO ACOMPAÑADO DE MARÍA

Se me ocurre otro personaje que parece una niña delante de Ti, Señor, de verdad una niña: María de Betania. Está en su casa, su hermana Marta trabajando, ocupándose de todo. Y María hace una cosa muy sencilla: se sienta a tus pies nada más y se queda contigo. A veces pensamos que para hacer oración tenemos que tener grandes pensamientos, decirte cosas espectaculares, encontrar, no sé, fórmulas así profundas. Pero no, María simplemente está ahí a tus pies, mirándote, escuchándote.

Esta semana pasé por la universidad y me encontré a dos niñas almorzando. Su mamá les estaba dando el almuerzo. Una de ellas muy pequeña, su mamá le estaba dando el almuerzo. Entonces me contó la mamá que la mayorcita había hecho su primera comunión.

Entonces la miré y le dije: Oye, ¿y qué le dijiste a Jesús cuando lo recibiste por primera vez? Señor, los niños son impresionantes, de verdad. Esta niña, sin mirar a su mamá, sin pedirle, no sé, que le dijera algunas ideas, me dijo: Yo le dije que lo quiero mucho, que estoy muy feliz y que lo voy a cuidar mucho. ¡Qué belleza, por Dios bendito!

 LA ILUSION Y PUREZA DE UN  NIÑO

Me hizo recordar esa otra anécdota de esa niña que le dicen que haga silencio y le dice Señor, gracias por estar aquí, te quiero mucho, estamos muy contentos. Bueno, pues muy parecidas las tres respuestas.

Yo no sé por qué siempre responden como de a tres. Genial, genial. Me impresionó, de verdad me impresionó.

 Porque sí, uno puede estudiar mucha teología y leer muchos libros sobre la Eucaristía, pero los niños entienden realmente lo que es fundamental: que Jesús está ahí.

Y por eso, Señor, te quiero mucho. No me puedo levantar de ningún rato de oración sin decirte: Señor, te quiero mucho y estoy muy contento; y te voy a cuidar, te quiero cuidar. Y eso hacía María de Betania, siempre asícuando llegabas se ponía a tus pies.

LLAMAR LA ATENCIÓN COMO BARTIMEO

Señor, tengo más personajes. Por ejemplo Bartimeo, que está sentado al borde del camino. Ciego y escucha que estás pasando y entonces empieza a gritar: Jesús, hijo de David, ten compasión de mí. Y la gente empieza a decirle: –Shh… Despacito hombre. ¡Pero qué va! Él grita más fuerte y eso también hacen los niños, sobre todo los más chiquitos.

Cuando un niño pequeño, por ejemplo, llora, puede que tenga hambre o que le esté doliendo algo, pero muchas veces lloran para llamar la atención de su papá y su mamá, simplemente para que su papá y su mamá vengan y lo miren y lo distraigan y le pongan atención.

No para que le pasen un juguetico y ya. ¡No! Porque quiere que su papá y su mamá le pongan atención. Bueno, Señor, pues esto hace Bartimeo. Es así. ¡Jesús, Jesús! (grita más fuerte). Y entre tanta gente, Tú, Señor, lo mandas a llamar. ¡Qué belleza!

Muchas veces yo, Señor, a pesar de que no sé, esté cansado o que no entienda o que tenga miedo o que necesite pensar que necesitamos a veces cosas extraordinarias muchas veces reaccionar como los niños, gritarte en el fondo de nuestro corazón: Jesús, mírame. Jesús, mírame, necesito que me mires, necesito que no me sueltes. Necesito que me ayudes en este rato de oración.

 CORAZÓN DE NIÑO

Y muchos personajes más. Yo creo que todos los discípulos, todos los apóstoles aprendieron un poco a ser niños. Juan, el discípulo amado, el discípulo joven, pues aprendió a ser niño. Estuvo ahí a los pies de la cruz, a tus pies, Señor, junto a María.

Vamos a mirar a nuestra madre Santa María. Ella vivió toda su vida así, mirándote como hija. Desde Nazaret hasta Belén, desde Caná hasta el Calvario.

No necesitaba entenderlo todo para confiar en Ti, Señor. Madre mía, enséñame a hacerme pequeño. Cuando quiera controlarlo todo, recuérdame que tengo un Padre. Cuando me dé miedo, enséñame a buscar a Jesús. Cuando me complique demasiado, ayúdame a volver a lo esencial.

 Hoy, Jesús, delante de Ti, quiero terminar este ratito de oración como esa niña pequeña después de recibirte por primera vez, sin discurso, simplemente. Jesús, te quiero mucho. Estoy muy feliz de estar contigo y quiero cuidarte mucho.

 


Citas Utilizadas

Ez 2, 8 – 3, 4

Sal 118

 Mt 18, 1-5.10.12-14

 

Reflexiones

Señor Jesús, te quiero mucho, estoy feliz de estar contigo.

Predicado por:

P. Santiago

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