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CUESTIÓN DE PRIORIDADES

¿De qué me sirve ganar el mundo entero, si pierdo mi alma?

¿DÓNDE ESTÁ MI CORAZÓN?

En el Evangelio de hoy hay una pregunta que hace Jesús, que me parece que nos interpela muy directamente y que nos puede servir como punto de partida para nuestro rato de oración.

«Dice Jesús, ¿de qué le sirve al hombre ganar al mundo entero si pierde su alma?»

Es una pregunta fundamental que nos invita a reflexionar sobre nuestras prioridades, sobre dónde está nuestro corazón, dónde está lo que más queremos, dónde están nuestros amores.

Se relaciona con otra frase de Jesús que nos dice, en otro lugar del Evangelio,

«donde está tu tesoro, ahí está tu corazón».

Porque si mi ilusión está en ganar al mundo entero, ahí estará mi corazón y ahí estarán mis ilusiones y mi alma pasará a un segundo plano. En cambio, sí mi tesoro, mis ilusiones, si lo que yo pretendo con mi vida es ganar mi alma, o sea, llegar a esa felicidad tan grande junto al Señor en la vida eterna, entonces ahí estará nuestro corazón y ahí estará nuestra prioridad y, sí ganaremos parte del mundo, pero sobre todo ganaremos nuestra alma.

Pregúntate en este rato de oración, ¿dónde está tu corazón? ¿Está concentrado en ganar el mundo sin una mirada trascendental o está puesto en lo verdaderamente importante? ¿Está puesto en salvar mi alma? 

Quizá nos sirve ir repasando nuestra vida para ver dónde están nuestras prioridades. (…) ¿Qué es lo más importante para mí? 

MIS PRIORIDADES

Hoy, en este día que estamos haciendo este rato de oración, a partir de este pasaje del Evangelio, ¿qué es lo más importante para mí? Y es probable que lo primero que se nos venga a la cabeza es lo que debería estar en primer lugar. Sí, yo sé que mi prioridad debería ser Dios, la familia, los amigos, los más necesitados.

Qué bueno que pensemos todo esto, porque es lo más importante. Pero ahora viene el momento de la verdad. Estas prioridades, ¿se traducen en mi vida, en el día a día, de verdad es lo más importante: Dios, mi familia, mis amigos, los necesitados?

Porque lo más probable, porque todos tenemos esa soberbia dentro y ese egoísmo a veces, que nos demos cuenta que muchas veces me pongo a mí en el primer lugar y estoy más concentrado en ganar el mundo que en salvar mi alma.

¿Se traducen estas prioridades en un orden de mi corazón, en mi día a día, en lo ordinario, en lo corriente? (…) 

No es fácil dar ejemplos aplicables a todos, pero intentaremos ir dando algunas luces.

Puede que a veces me dé cuenta de que no voy a la misa o dejo de rezar porque estoy con mucho trabajo. O, ¿recorto el tiempo dedicado a la familia para estar conmigo mismo, sinónimo muchas veces de estar metido en el teléfono…? ¿Dejo acciones de amor hacia los demás por comodidad, cansancio o rechazo? Y así me doy cuenta de que estoy más preocupado de ganar el mundo entero y no estoy preocupado de salvar mi alma. 

Hace unos días escuchaba una historia, una anécdota. Era un niño que contaba que se acercaba a una persona, a una profesora y le decía: —A veces los adultos son un poco tontos, ¿no? le decía. Y la profesora le respondía, —¿por qué? —Porque, bueno, mi papá, yo siempre jugaba con él los fines de semana a la pelota y nos encantaba ir a jugar juntos. Pero un día se le ocurrió que tenía que comprarme una televisión y quería comprarme una muy buena televisión. Entonces para eso se puso a trabajar más y los sábados trabajaba, entonces ya no podíamos jugar. Y yo tenía ganas de decirle, de que en realidad no me importaba la televisión, me importaba mucho más jugar con él, porque esas eran las prioridades, ¿no?

Y continuaba diciendo: —Y entonces papá al final está tratando de ganar el mundo entero y está descuidando lo verdaderamente importante. 

Jesús, en el Evangelio, aparte de las parábolas, hay distintos sucesos que también nos predican. Son sucesos donde el Señor nos pone de manifiesto las cosas que quiere enseñarnos.

Hay dos encuentros de Jesús en el Evangelio que contrastan en este sentido.

El primero es el joven rico, ese joven que tenía todas las condiciones para ser un hombre bueno, un hombre santo, que luchaba por vivir los mandamientos, seguramente era alguien que ayudaba a los demás, hacía cosas buenas, pero prefirió ganar el mundo entero. Prefirió centrarse en sus posiciones, en sus riquezas, antes que salvar su alma. Tenía ese deseo, tenía ese bichito dentro que lo llevaba a querer algo más, pero no se atrevió.

salvar mi alma

LAS PRIORIDADES DE ZAQUEO

Por el contrario, hay otro personaje del Evangelio, y este Jesús lo pone como ejemplo, que es Zaqueo. Era un recaudador de impuestos, que vivía una vida mucho más desordenada que la del joven rico, pero después de encontrarse con Jesús, se dio cuenta de que la prioridad estaba en el Señor. Es mucho más importante salvar mi alma que ganar el mundo entero.

«Y entonces despreció las cosas de la tierra, despreció toda su riqueza y dijo: —Daré la mitad de mis bienes a los pobres, y si he defraudado a alguien, le daré cuatro veces más».

Eso es lo que da la verdadera felicidad, eso significa salvar el alma. 

«Jesús le dijo a Zaqueo: —Hoy ha entrado la salvación a esta casa, porque éste también es hijo de Abraham».

Y ojalá que cuando yo vaya ordenando mis prioridades, cuando vaya dándome cuenta de que lo necesario es salvar mi alma y no ganar el mundo entero, que me diga lo mismo: «Hoy ha entrado la salvación a esta casa». 

Jesús, quiero ser como Zaqueo, quiero poner mi corazón en lo que de verdad importa, no en ese afán de ganar el mundo, sino en salvar mi alma, en esa felicidad tan grande que da estar cerca de Ti, y ayudar a muchas personas a acercarse a ese camino hacia la felicidad, acercarse a Ti, Señor.

SALVAR NUESTRAS ALMAS

Que mi mirada, que mi corazón, que todo mi ser, estén en eso que de verdad vale la pena. Como Tú, Señor, que eras Dios, pero te dedicaste a servir, te pusiste a los pies de los demás, hiciste milagros, predicaste.

Pero no solo eso, le lavaste los pies a tus discípulos. Cuando los apóstoles no sabían, ni entendían tus parábolas, Tú se las explicabas.

Serviste con alegría, repartiste comida, y un largo, largo etcétera. Porque Jesús, tú no estabas interesado en ganar el mundo, en ser importante, sino en salvar todas las almas. Te das cuenta de que lo importante era eso, la felicidad de cada persona que pasaba al lado tuyo. 

Se lo pedimos especialmente a nuestra Madre del Cielo. A esa Madre que nos ama muchísimo, le pedimos a ella que nos ayude a querer de verdad, a querer de verdad lo importante, a centrarnos en lo que vale la pena.

Santa María, Madre Nuestra, ayúdanos a fijarnos de verdad, no en ganar el mundo entero, sino en salvar nuestra alma.


Citas Utilizadas

Ne 2, 1. 3; 3, 1-3. 6-7

Sal Dt 32

Mt 16, 24-28

Reflexiones

Santa María, Madre Nuestra, ayúdanos a fijarnos de verdad, no en ganar el mundo entero, sino en salvar nuestra alma.

Predicado por:

P. Felipe

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