LA VIRGEN DE LAS NIEVES
Corría el año 352 y en Roma vivía un noble patricio llamado Ioannes (Juan) que, al no tener descendencia, quiso dejar toda su fortuna a la Madre de Dios. Para esto rogó a la Virgen, con insistentes oraciones, que le dijera lo que debería hacer con sus bienes. Nuestra Señora escuchó esos ruegos y, según cuenta una tradición transmitida piadosamente hasta nuestros días, “en el mes de agosto, cuando el calor aprieta más en la ciudad de Roma, un manto de nieve cubrió durante la noche una parte del monte Esquilino. Esa misma noche, la Madre de Dios advirtió en sueños a Juan y a su mujer que edificaran una iglesia sobre el lugar que vieran cubierto de nieve, y la dedicaran al nombre de la Virgen María” (Breviarium Romanum S. Pii V, Ad Mat., L. V.).
Al parecer Ioannes refirió el mensaje al Papa Liberio, esa misma mañana, mientras una copiosa nieve cubría de blanco el punto más alto de una de las siete colinas romanas. El Papa, acompañado del patricio, trazó en el suelo los límites de lo que sería la primera basílica romana dedicada a Nuestra Señora.
Ojo que esto pasó en el calurosisimo ferragosto romano, que más o menos va del 1 al 15 de agosto. Ese es el milagro. El verano en Europa, y esas fechas en Roma, son de un calor malcriado. Y resulta que sucedió en medio de esas temperaturas que llegan a 35 grados o más, en las que la sensación térmica suele ser mucho más sofocante por la humedad y las olas de calor del famoso “scirocco”, que son vientos que nacen en el desierto del Sahara y llegan con su dosis de calor y de arena…
El milagro tuvo lugar, con todo esto, un 5 de agosto. Por eso, cada 5 de agosto cae una lluvia de pétalos blancos dentro de la basílica de Santa María la Mayor. Cada año se recuerda este milagro con una Misa solemne y una nevada de pétalos blancos que cae desde el techo justo frente al altar mayor. No es solo una tradición, es memoria viva de fe, devoción y de nuestra Madre que se hizo presente con nieve en pleno mes de agosto. Es la que también llamamos la Virgen de las Nieves.
TRATANDO DE PASAR DE INCÓGNITO
Cuentan que el Papa Benedicto visitó esta iglesia en sus primeros días de pontificado. Y lo hizo de incógnito, según él… Se “escapó” del vaticano en taxi. Cuando iba rumbo a la basílica pensó: “por fin, un poco de paz, ¡me he escapado!”. Cuál fue su sorpresa cuando, al bajar del taxi y comenzar a recorrer la Piazza Santa María Maggiore, desde un bus de dos pisos lleno de turistas alemanes, alguien le reconoció y gritó señalando: “¡el Papa!”. Todos se abalanzaron a saludarlo y hacerle fotos.
Subir las pocas gradas de entrada a la basílica le tomó más de media hora; tiempo suficiente para que la guardia del Papa se enterara del suceso y salieran corriendo a buscarlo. Así que al final, ¡no pudo escaparse de nada!
Hoy vamos tú y yo a visitarla interiormente: “Madre mía, eres mi refugio. Contigo quiero estar sin que nadie me moleste. Contigo, que me das frescura ante esos defectos y pecados que hasta me ruborizan. Frescura no porque pase sobre ellos con ligereza, sino porque sofocado por mis culpas me conduce a la confesión y ahí todo vuelve a la calma… Ya no hay sofoque ni nada que me asfixie”.
Aunque todo esto haya sucedido hace siglos nuestra Madre sigue presente hoy y siempre.
MILAGRO EN LA JMJ
No sé si recuerdas un audio que se hizo viral durante la JMJ de 2023 en Lisboa. No tengo el audio, pero sí la transcripción. Es esta:
“¡Hola! ¡Hola a todos! Bueno, estoy super afónica, pero soy Jimena. Simplemente quería agradecer a todos los que habéis estado acompañándonos en esta Novena, porque esta mañana yo me he levantado, como llevo levantándome durante dos años y medio, viendo súper borroso, fatal.
He ido con mis amigas a Misa porque estamos en la JMJ. Y bueno, la verdad es que en Misa yo estaba super, super, super nerviosa…
Después de comulgar, me he puesto en el banco, me he puesto a llorar un montón porque era el último día de la Novena, me quería curar, y se lo he pedido por favor a Dios, muchísimo.
Y cuando he abierto los ojos perfectamente, ha sido demasiado. O sea, hay que dar muchísimas gracias por el milagro. Porque he visto el altar, el Sagrario y estaban ahí mis amigas, las veía perfectamente, que estaban dos años y medio más mayores de cómo las recordaba.
Luego, me miro en el espejo, y también estoy un poco cambiada, pero eso. Luego he leído la oración que hemos estado rezando para la Novena, y la verdad es que todavía leo bastante bien, no se me ha olvidado del todo. Leo un poco lento, pero ya iré cogiendo práctica.
Y bueno, estoy super contenta. O sea, de verdad muchísimas gracias a todos por haber rezado tanto; porque ésta ha sido una prueba de fe y vamos, voy a llamar a todas mis hijas “Nieves”.
El 5 de agosto es mi nuevo cumpleaños, porque la Virgen me ha hecho un regalazo que no se me va a olvidar.
Y bueno, ahora lo que queda de la JMJ es para dar gracias. Haremos una misa o una Novena o algo de Acción de gracias porque este es un regalazo. Así que bueno, muchísimas gracias a todos por haber rezado tanto por mí. Un beso muy fuerte” (y termina el audio).
DESCANSA AQUÍ HUMILDEMENTE…
¡Impresionante! ¿no?
A mí me gusta, además, el orden de su vista: “he visto el altar, el Sagrario y estaban ahí mis amigas, las veía” (…) “Luego, me miro en el espejo”.
Primero Dios, ver a Dios. En el Sagrario. En los sacramentos. Después ver a los demás. Poner atención a sus necesidades, darme cuenta cómo están. Por último: yo. Sí, saber cuidarme, pero sin egoísmos.
“Madre mía hazme ver. Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos y muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre (Salve Regina)”. Y Tú también Señor, te digo con palabras de san Josemaría “que yo vea con tus ojos Cristo mío, Jesús de mi alma”. “Que me fije en Ti y en los demás. En mí solo para servirte a Ti y ayudar a los demás”.
Hay en Santa María Mayor un detalle interesante que nos puede servir en esta línea de ideas. “El escultor, arquitecto y pintor napolitano Gian Lorenzo Bernini embelleció a Roma con muchas obras de arte, entre las cuales destacan las que honran a la Virgen María. A punto de morir, como agradecimiento por tantas obras vinculadas al culto, se le dijo que pensaban enterrarlo en un lugar destacado de la iglesia Santa María la Mayor, pero él se opuso. Como insistieron en que lo enterraran en esa iglesia, lo único que logró fue que accedieran a enterrarlo debajo de uno de los escalones laterales del altar mayor. Por tanto, su tumba es un simple escalón con esa inscripción: “Juan Lorenzo Bernini descansa aquí humildemente”.
Con el pasar de los años, su escalón-tumba fue pisoteado muchas veces, y hoy se encuentra gastado y casi ilegible. Al igual que su deseo, en la vida nosotros tenemos que aprender a ser humildes” (Pedro José María Chiesa, En presencia de Dios agosto).
LOS OJOS DE DIOS EN LA HUMILDAD DE MARÍA
Aprender también de nuestra Madre, es la Mayor, es la más perfecta de las criaturas, pero se ve a sí misma como
«la esclava del Señor» (Lc 1,38).
O, como se ve en las palabras que dice al visitar a su prima Santa Isabel:
«Proclama mi alma las grandezas del Señor, y se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador: porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava; por eso desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones» (Lc 1,46-48).
Nosotros la llamamos bienaventurada, especialmente hoy al recordarla bajo la advocación de la Virgen de las Nieves.





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