ESCUCHA LA MEDITACIÓN

VEN Y VERÁS

El Señor nos llama a todos a seguirlo, con lo poco que tenemos y con lo mucho que somos.

Nos cuenta el evangelio de la misa de hoy que Jesús estaba con la multitud y les dijo la siguiente parábola, muy breve pero que llena nuestros corazones en el día de hoy.

«El Reino de los Cielos se parece a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces; cuando está llena los pescadores la sacan a la orilla y sentándose recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve»

(Mt 13, 47-48).

Cuando leía esta parábola pensaba en lo mucho que nos quiere el Señor. ¿De donde esa relación? -pensarás tú que estás escuchando esta meditación. La respuesta es que el Señor nos elige a todos, echa esa red en el mar para sacar todos esos peces, para sacarte a ti y para sacarme a mí.

Todos estamos llamados por el Señor. “Tú Jesús que nos estás escuchando en este rato de oración en que estamos tratando de hablar contigo, nos eliges a cada uno. No seleccionas sólo a algunos pocos, a los mejores, a los que tienen ciertas capacidades, a los que tienen cierta forma de hacer las cosas… No. Todos estamos llamados por Ti, Señor, todos somos hijos tuyos destinados a algo grande”. Tenemos una vocación maravillosa, la vocación a ser santos de verdad, no menos: no menos que eso. Estamos llamados a ser santos, destinados a algo grande.

VEN CON TU AMOR

Hace unos días escuché una canción -ya la había escuchado antes, pero la volví a escuchar- del grupo Misión País, un grupo chileno que componen canciones para la Santa Misa. La canción se llama Ven y verás y en una parte la letra dice lo siguiente:

“ven con lo poco que tienes, ven con lo mucho que eres, ven con tu fragilidad, ven con tu amor, con tu verdad”.

Y me emocionaba un poco al escuchar estas palabras: ven con lo poco que tienes.

“Sí Señor, tenemos poco; lo reconocemos. A veces nos da la impresión de que deberíamos tener más y Tú nos dices: no, ven con lo poco que tienes; ven eso sí con lo mucho que eres. Eres hijo de Dios, eres elegido; tienes una misión importante. Ven con lo mucho que eres. Sí, ven con tu fragilidad también, porque tenemos esa tendencia a veces a equivocarnos, a fallar y sí, Tú lo sabes y lo reconoces también y nos animas a reconocerlo. Pero ven con tu amor”.

Ahí está la clave, “ven con tu amor”, porque sabes que Dios te ha amado, te ha elegido; ven con tu amor, con tu verdad. Así nos llamas Tú, Señor. Así nos llama el Señor a cada uno de nosotros.

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EL SEÑOR NOS LLAMA A TODOS

Los que hace tres años estuvimos en Portugal -en Lisboa-, todavía escuchamos resonar esas palabras del Papa Francisco que nos hizo repetir a todos los que estábamos ahí, a los más jóvenes y a los menos jóvenes. Nos decía que en la Iglesia caben todos y nos hacía repetir: “todos, todos, todos”. En la Iglesia caben todos, porque todos estamos llamados a la santidad, todos estamos llamados a algo grande, no sólo algunos, no sólo unos pocos elegidos… todos.

La Iglesia, lo decía el Papa de distintas formas, no es un museo donde hay unas figuras, unos cuadros como perfectos, sino que la Iglesia es un hospital de campaña: todos cabemos, todos necesitamos a la Iglesia porque necesitamos ir a sanar nuestras heridas, necesitamos ir a sanar nuestra fragilidad; todos, todos, todos… Todos estamos llamados a este hospital de campaña.

Llamados a algo grande, con nuestra fragilidad, con lo poco que tenemos sí, pero llamados a algo grande. Y algo grande que depende en primer lugar del Señor, pero también el Señor quiere contar con nuestra respuesta libre. No podemos quedarnos con nuestros brazos cruzados. Estamos llamados a actuar, a salir de nuestra comodidad, todos, todos, todos… Todos llamados a dar lo mejor de nosotros.

FUERA EL SOFÁ

Siguiendo con esas comparaciones gráficas que el Papa Francisco nos regalaba, es necesario que salgamos del sofá, que dejemos fuera ese sofá, que dejemos de balconear la vida, no podemos mirar todo desde la comodidad de nuestro balcón. Que vayamos a hacer el lío, que vayamos a jugarnos la vida, a darlo todo en la cancha.

Todos invitados a seguir a Jesús, todos llamados a tomarnos en serio nuestra vida espiritual, nuestra vida cristiana, a asumir que sí hay que luchar y sí, no será fácil siempre, tendremos dificultades, tendremos momentos en los que cuesta vivir la vida.

Lo sabemos por experiencia, cuesta ser buen hijo, buen hermano, buen amigo, cuesta mirar con una mirada limpia, cuesta a veces ser generoso, cuesta obedecer las reglas, las normas, lo que tenemos que vivir. Cuesta, sí, pero Tú, Señor, nos estás llamando a ver que vale la pena: vale la pena amar, vale la pena obedecer, vale la pena ser sincero, vale la pena luchar por vivir la pureza… Vale la pena.

En este rato de oración, en estos minutos que nos quedan, podemos aprovechar de preguntarle al Señor: Jesús ¿qué me falta para seguirte con más decisión, para vivir mejor mi vida cristiana, mi vida en relación contigo, mi vida de oración, mi vida de generosidad con los demás? ¿Cómo puedo responder mejor a tu llamada? Sí, a esa llamada que me diriges cada día, en cada momento y que nos diriges a todos, todos, todos, todos. ¿Cómo puedo responder mejor a tu llamada?

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ERES MUCHO POR SER HIJO DE DIOS

Y esas preguntas tienen sólo una respuesta que la escuchará cada uno en su oración. No hay recetas generales, no es que uno dice: ah, sí, los cinco pasos para… No, no existe. Cada uno en su oración y por eso te decía que se lo preguntes al Señor tú, en tu intimidad, en este rato de oración pregúntale, ¿qué es que me falta Jesús para seguirte con más decisión? ¿Cómo puedo responder mejor a tu llamada?

Porque Jesús te responderá en la intimidad de tu corazón y te pedirá algo concreto, te dirá, te dará un consejo concreto para ti. Dile ahora, en este rato de oración, que quieres seguirlo. Sí, que tienes poco, pero que eres mucho, porque eres hijo de Dios, porque eres elegido por Él. Sí, eres frágil. Voy con mi fragilidad, pero también voy con mi amor, con mi verdad.

“Voy Jesús, voy porque soy hijo, porque soy llamado, porque soy elegido, y quiero responder a tu voz. Aquí estoy, Señor, como ese profeta, profeta Samuel, que cuando Dios lo llamaba, supo responder por ese consejo que le dio ese sacerdote mayor: aquí estoy, Señor.

«Habla, Señor, que tu siervo escucha»

(1Sa 3,10).

Como la Virgen María, nuestra Madre del Cielo, que cuando escuchó el llamado del Señor, dijo:

«He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra»

(Lc 1, 38).

Jesús, Tú me has elegido por esa red barredera, esa red que se echa al mar y recoge a toda clase de peces, me has llamado, me has elegido y aquí estoy para hacer tu voluntad.


Citas Utilizadas

Jr 18, 1-6

Sal 145

Mt 13, 47-53

Reflexiones

Señor, quiero responder a tu voz. Enséñame a seguirte y que elija a diario la santidad.

Predicado por:

P. Felipe

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