< Regresar a Meditaciones

P. JUAN

5 min

ESCUCHA LA MEDITACIÓN

¡TE CONOZCO! ¡ERES MÍO!

A quienes no hacen su voluntad les dirá: «No os conozco». Si procuramos conocerla y llevarla a la práctica, será justo lo opuesto.

Hoy escuchamos en el evangelio cómo les decís, Señor, a los que no cumplen tu voluntad, aunque te llamen:

“Señor, Señor”

(cfr. Mt 7, 21).

Cómo escucharán esas palabras duras:

No os conozco: apartaos de mí, operarios de la maldad

(cfr. Mt 7, 23).

Y podemos pensar en positivo: si buscamos hacer la voluntad de Dios, nos dirá Jesús y escucharemos de tu boca todo lo contrario: “Te conozco”, e incluso más, nos podrás llamar por nuestro nombre. Cómo le gusta a uno escuchar que alguien lo conoce, lo reconoce y lo llama por su nombre.

Me acuerdo, tuve esa experiencia que me dio mucha alegría, después de haber vivido varios años en Roma, en la casa donde también vivía el Prelado del Opus Dei, que en ese momento era don Javier.

Después de haber vivido allí, fui a una Jornada Mundial de la Juventud en Brasil, a Río, y en un encuentro me había puesto al fondo —pero la verdad es que me había tomado de sorpresa y no iba tan elegantemente vestido— y don Fernando, el actual Prelado de la Obra, me vio y le dijo a don Javier:  “Ahí está Juan Pinasco”.

Después me llamó, el que era el padre, le pude saludar y me dio mucha alegría. Cosa que no hubiera hecho si no me hubiera llamado y me hubieran visto, y me quedé súper contento. ¡Imagínate si es Jesús quien te llama por tu nombre!

 OBRAS SON AMORES

San Josemaría también comentó unas palabras de la Sagrada Escritura, y decía: “El Señor nos ha dicho con predilección de Padre Ego redemi te, et vocavi te nomine tuo, meus es tu” (Is 43,1), yo te redimí, te llamé por tu nombre, tú eres mío. Nos ha llamado por el nombre, por el «nomignolo», el apodo familiar, y añade continuamente: ¡meus es tu!  ¡Qué estupendo!, es un fundirse del Señor con nosotros. Mirad que todas estas consideraciones son verdades que nos repite la Escritura Santa, ¡no son sólo palabras!: nos recuerdan que Dios nos quiere, que Dios nos perdona, que Dios cuenta con nosotros”.

Por el nomignolo, por el apodo —lo dice en italiano— el apodo familiar, el sobrenombre cariñoso. Así, Dios nos llamará. Si nosotros buscamos hacer tu voluntad, Señor; si no sólo te llamamos: “Señor, Señor” …

Que es muy bueno que acudamos a vos, que te tratemos con confianza. Cuánto te gustará que te compartamos nuestras cosas, que te miremos, que te pidamos ayuda. Pero, además, después, que te mostremos que te queremos con obras.

Recordarán esa anécdota, para muchos conocida, de san Josemaría, de cómo le decía: “Jesús, —te decía Señor— te quiero más que esta, más que esta y más que esta”, mientras distribuía la comunión a las monjas en la misa en un convento, y escuchó por dentro: “Obras son amores y no buenas razones”.

Con obras, eso sí es amor, no solo buenas razones… Decir “te quiero”, está muy bien, pero también con obras.

¿Y cómo amamos tu voluntad? ¿Cómo escucharemos, Señor, que nos llamas por nuestro nombre? En primer lugar, si aceptamos la voluntad de Dios. Podemos pensar ahora: si yo procuro abrazar los planes de Dios para mi vida, en lo que se manifiesta día a día, mis circunstancias, hay seguramente muchas razones para agradecer.

AMAR LA VOLUNTAD DE DIOS

El abrazo de la Voluntad de DIos

 Pero puede ser que haya alguna que nos cueste más y por eso es también una oportunidad de fe, de decir: “Bueno, sí vos querés esto, Señor, yo también lo quiero”.

Y eso puede ser amar con obras, ¿no? También es amar la voluntad de Dios cuando tomamos decisiones con Él, en la oración.

En estos momentos, Señor, que te dedicamos más exclusivamente a vos, te contamos de nuestra vida, de las cosas que nos pasan, de nuestras decisiones y tomamos decisiones con vos también, en tu presencia.

Sacamos propósitos y que no se quedan solo en buenas intenciones, sino después uno se examina y ve si lo llevó a buen puerto; si eso nos lleva a comportarnos de otra manera, porque interpretamos que por ahí nos viene también la voluntad de Dios, las cosas que vemos en la oración, una luz, algo que creemos que es bueno y que convendría hacer con tu ayuda, Señor, con tu gracia.

Y también hacemos la voluntad de Dios cuando buscamos consejos para nuestro camino espiritual. En la dirección espiritual o con quien pueda guiarnos, orientarnos para crecer… Eso también es buscar la voluntad de Dios.

Procurar ser dóciles o quizá algún consejo que nos dan cuando vamos a confesarnos, también eso es tener fe en que por ahí Dios me está indicando el camino y tengo una gracia para crecer, para avanzar.

Todo eso es hacer la voluntad de Dios. Implica de nuestra parte fe, porque creemos, Señor, que tu voluntad es lo mejor que nos puede pasar. Y vos sabés qué cosas nos convienen, aunque, a veces, no las veamos como lo más conveniente o nos cueste.

EL SEÑOR NOS LLAMA POR NUESTRO NOMBRE

Sin embargo, a vos mismo, Señor, te costó llevar a cabo en ocasiones la voluntad del Padre. Parece que sentías como esa rebeldía: “Sí quieres haz que pase de mí este cáliz”. (cfr. Mt 26, 39). Pero ¿qué voy a hacer? Si para eso he venido. ¿Voy a decir que no? ¿Lo voy a rechazar? Si para eso he venido.

Incluso vos, Señor, tenías que sacar fuerzas del amor, de la convicción de para qué venías, para hacer la voluntad del Padre y lo hiciste con libertad y de ahí nos viene la salvación, tantos bienes, la redención.

Que confiemos también nosotros en que la voluntad de Dios no es algo que nos va a arruinar la vida, sino que viene con muchos dones, ¿no? Ese don que nos encontraremos en el cielo: que nos llame el Señor por nuestro nombre y que nos reciba en su Reino.

Pero también, quizá —y por ahí te ha pasado también— que cuando uno hace la voluntad de Dios es como si el Señor nos diera ya aquí en la tierra también una sonrisa; ese llamarnos por nuestro nombre; ese “estoy orgulloso de vos”; ese “muy bien” … Como ese ánimo que nos da una paz interior o de alguna manera lo vislumbramos también en la oración.

Vamos a pedirle a nuestra Madre que no se quedó solo en palabras de buena voluntad, en ese: “Hágase, que se cumpla en mí los planes de Dios”, sino que también supo unirse a esa voluntad divina con sus obras.


Citas Utilizadas

2 Re 24, 8-17

Sal 78

Mt 7, 21-29

Reflexiones

Señor, que siempre hagamos tu voluntad. Ayúdanos, a aceptar y a querer lo que tú quieres.

Predicado por:

P. JUAN

¿TE GUSTARÍA RECIBIR NUESTRAS MEDITACIONES?

¡Suscríbete a nuestros canales!

¿QUÉ OPINAS SOBRE LA MEDITACIÓN?

Déjanos un comentario!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

La moderación de comentarios está activada. Su comentario podría tardar cierto tiempo en aparecer.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.


COMENTARIOS

Regresar al Blog
Únete
¿Quiéres Ayudar?¿Quiéres Ayudar?