ESCUCHA LA MEDITACIÓN

¡NO SE INQUIETEN!

Valemos más que las aves del cielo y los lirios del campo. Por eso el Señor nos dice: no se inquieten.

En el evangelio de la misa de hoy hay una expresión que se repite varias veces.

«No se inquieten, porque ustedes valen mucho».

El Señor compara nuestra vida con la de los pájaros del cielo y dice:

«Si los pájaros del cielo tienen para comer, ¿cuánto más les dará su Padre del Cielo a ustedes?»

(Mt 6, 25-26)

También los compara con los lirios del campo, si ellos se visten así, si el Señor los viste así ¿cuánto más se preocupará de su vestido? No se inquieten, no se preocupen, Yo me encargo. O como dicen los italianos, ci penso vivo: yo voy a ser el encargado de sacar adelante esta misión. 

Hace unas semanas me tocó celebrar un matrimonio donde los novios eligieron precisamente para la lectura del evangelio de esa misa, este pasaje.

«No se preocupen, no se inquieten».

Me pareció una lección muy bonita, porque, en ese comienzo de su vida familiar, en ese sacramento del matrimonio, estaban diciéndole al Señor: Señor, nos damos cuenta de que no tenemos que preocuparnos tanto nosotros, sino “simplemente”, vamos a dejar todo esto en tus manos, Señor. Estamos en las manos de Dios. 

ES HIJO DE DIOS

Hoy en día esto parece una locura. En la cultura actual lo que se valora es lo que uno puede hacer. Podríamos llamar la cultura del do it yourself, como dicen esos videos a veces que te dicen no te preocupes, para qué vas a comprar algo, hazlo tú mismo. Porque hoy se valora mucho el simple esfuerzo, el éxito humano. Y parece como que nos dice la sociedad: tú vales lo que haces, tú vales lo que tienes. 

El Papa León, en su última encíclica, nos previene contra esto. Es necesario que nos demos cuenta de que el valor de la persona es mucho más de lo que la persona puede hacer. El valor de la persona viene de su condición de que es hijo de Dios. 

inquieten

Y el verdadero criterio del éxito no son los frutos humanos de ese esfuerzo hecho simplemente por orgullo o por una preocupación simple en la que nos ponemos nosotros en el centro. El criterio del éxito es el amor y ese amor viene siempre de Dios. 

Cuando estamos poniendo sólo nuestras fuerzas, sólo lo nuestro, no llegaremos a ninguna parte, es necesario que nos centremos en el Señor. 

Por eso Jesús nos dice: no se inquieten, no se inquieten. Sí, preocúpate, es importante que pongas todo lo que está en tus manos. El Señor nos lo recuerda en otros pasajes, nos dice:

«De los esforzados es el Reino de los Cielos, de los que se hacen violencia, de los que ponen de su parte».

Y eso Jesús nos lo quiere recordar en distintos momentos y nos va animando a luchar, a cargar con nuestra Cruz de cada día, a seguir al Señor. Pero al mismo tiempo, la eficacia la pone el Señor. 

Podemos comparar esto con una semilla. La semilla viene 100% del Señor. Nosotros plantamos esa semilla, la ponemos bajo tierra. Nos preocupamos de regarla, de cuidarla, de sacarle las malas hierbas, las malezas, nos preocupamos de ponerle el fertilizante, todo eso en nuestro esfuerzo. Pero si en esa misma tierra no hubiera una semilla, no pasaría nada, no crecería nada. Para que crezca es necesario que eso lo ponga el Señor, lo pongas Tú, Jesús. La semilla germina sin que nosotros sepamos cómo. 

Hay una parábola que Tú, Jesús, dices eso mismo, que el Reino de los Cielos se parece a ese sembrador que pone la semilla, pasan los días y sin que él sepa cómo esa semilla germina y crece. 

“Señor, que nosotros sepamos que, en este camino hacia el Cielo, hacia la felicidad, ahí está el secreto, en esa semilla que crece sin que nosotros sepamos cómo. Jesús ayúdanos a dejarnos llevar por Ti, a vivir el presente siempre como un regalo”. 

No te inquietes, no te preocupes pensando en qué vas a comer o con qué te vas a vestir. El mañana está en las manos del Señor. Pon lo que está de tu parte, sí. Pon todo lo que tienes en tus manos, pero no puedes más que eso. Así que cuando pongas lo que está en tus manos, el resto ten confianza, porque el resto lo pondrá el Señor.

HOY ME DECIDO

San Josemaría en su libro Camino, incluye un punto, no es textual, pero que dice algo más o menos así: no te preocupes por el ayer que ya pasó, ni por el mañana que no sabe si llegará para ti. Preocúpate del hoy y del ahora, hoy y ahora. 

Hoy me decido a ser santo. Hoy me decido a vivir esa vida de aventuras, con responsabilidad, pero poniendo todo en las manos de Dios. Todo en las manos de Dios.

En ese matrimonio que contaba que había celebrado, hace unas semanas, decíamos también que ese “no se inquieten” se traduce en esa conciencia de que somos tres en el matrimonio. Lo decía un autor que está en proceso de beatificación, que el matrimonio es de a tres. “Son tres los que se casan”, se llama un libro muy conocido de él.

inquieten

No se inquieten, porque ustedes dos no están solos. Toda su vida es un camino hacia la santidad con el Señor. Y toda nuestra vida, estemos casados o solteros, estemos en camino hacia el matrimonio o hayamos tomado la decisión por una vocación especial de vivir en el celibato, toda nuestra vida es un camino en el que vamos acompañados. Dios se preocupa de acompañarte en este camino. Nunca estás solo, nunca.

Esta conciencia nos da una alegría y una paz que nunca nos va a abandonar. Qué suerte tenemos Señor, de que te has querido quedar con nosotros. 

Las semanas pasadas estuvimos celebrando distintas fiestas que nos recordaban esto constantemente: Pentecostés, el Espíritu Santo que desciende sobre nosotros y nos da esa fuerza; la Santísima Trinidad, Dios Uno y Trino que hace morada en nuestras almas; Corpus Christi, Jesús que se ha querido quedar realmente presente en la Eucaristía para estar con nosotros; el Sagrado Corazón, el amor de Dios, el amor de Jesús, que no puede quedarse sólo en el Cielo, sino que viene a la tierra y llena cada uno de nuestros corazones. 

Cada una de estas fiestas es un recuerdo que tenemos de que nunca, nunca estamos solos y por eso podemos lanzarnos con confianza, podemos vivir nuestra vida, ir a nuestro trabajo, ser apostolado, buscar la santidad, sabiendo que tenemos “el éxito asegurado”, porque ese éxito depende del Señor.

Y así vivió la Virgen, con esa confianza, con esa alegría. No faltaron problemas en su vida. Jesús nació en un pesebre, se tuvieron que ir a Egipto, después la Virgen fue testigo de cómo el Señor fue rechazado, pero confió y por eso tuvo esa alegría tan grande y por eso hoy está en el Cielo. 

Santa María, ayúdanos a confiar cada vez más en tu Hijo Jesús.


Citas Utilizadas

2Cr 24, 17-25

Sal 88

Mt 6, 24-34

Reflexiones

Jesús, hoy me decido a ser santo. Hoy me decido a vivir esa vida de aventuras poniendo todo en las manos de Dios.

Predicado por:

P. Felipe

¿TE GUSTARÍA RECIBIR NUESTRAS MEDITACIONES?

¡Suscríbete a nuestros canales!

¿QUÉ OPINAS SOBRE LA MEDITACIÓN?

Déjanos un comentario!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

La moderación de comentarios está activada. Su comentario podría tardar cierto tiempo en aparecer.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.


COMENTARIOS

Regresar al Blog
Únete
¿Quiéres Ayudar?¿Quiéres Ayudar?