Hoy celebramos en la Iglesia el Inmaculado Corazón de la Virgen María.
Nos fijamos en ese núcleo que todos tenemos, que es el más íntimo, el más nuestro, el más profundo también, donde guardamos nuestros afectos, nuestros amores, también a veces, nuestros miedos, nuestras esperanzas, nuestras ilusiones, nuestros recuerdos más bonitos: el corazón.
Nos fijamos en el corazón de la Virgen Santísima de la mano del Evangelio. Dice así:
«Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y cuando terminó se volvieron, pero el Niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que lo supieran sus padres».
Esto ya nos hace recordar (a los que hemos leído el Evangelio con alguna frecuencia) este pasaje, que además es un misterio del santo rosario: el Niño Jesús perdido y hallado en el Templo. Un poquito más adelante, en el evangelio se dice que san José y la Virgen María se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos. Y al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén buscándolo y a los tres días lo encontraron.
Salto un poquito y dice:
«Al verlo se quedaron atónitos»,
como es lógico, le dijo su Madre:
«¿Por qué nos has tratado así?»
EL PLAN DE DIOS
Hay muchas frases que nos dan pie para hablar contigo, Jesús, en este rato de oración. Quizás a todos se nos viene una pregunta: ¿por qué los trataste así? Todos entendemos que Tú vas a terminar diciendo:
«¿por qué me buscabais, no sabíais que Yo debía estar en las cosas de mi Padre?»
Tú querías hacerles ver que, en ese plan que Dios Padre te había pedido que cumplieras aquí en la tierra, no iba a haber ningún obstáculo que se opusiera. Pero yo creo que podría haber sido suficiente que les digas: “me voy a quedar, voy a estar en el Templo, voy a hacer una cosa que me ha pedido mi Padre del Cielo”.

Pero el Niño se quedó en Jerusalén sin que lo supieran sus padres. Es un misterio, ya nos contarás, Señor, cuando estemos contigo, por qué actuaste así.
Esto introduce la figura del corazón de la Virgen. Dice el evangelista san Lucas al final del evangelio de hoy:
«pero ellos no comprendieron lo que les dijo. Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos. Su Madre conservaba todo esto en su corazón»
(Lc 2, 41-51).
Aparece el corazón de nuestra Madre, la Virgen santísima. Como dije, es el lugar donde todos almacenamos lo que nos es más valioso, importante, entrañable, inolvidable.
Nuestra Madre, ante esta actuación verdaderamente misteriosa tuya, Jesús, lo que ha hecho es ponerse a pensar qué podía Dios esperar de ella, qué podría ella hacer al respecto.
Deben haber sido tres días espantosos. “Tiene que haber sido también una alegría muy grande recuperarte, reencontrarte. La respuesta que les diste les debe haber dejado fríos.
Todo esto nos facilita conocerte, Señor y conocer también a la Virgen María, a san José.
Y queremos nosotros darnos cuenta de que hay algo misterioso que, como digo, nos explicarás cuando lleguemos al Cielo con tu ayuda. Pero lo que se puede deducir de una manera clara es que siendo Tú Dios, tienes que haber sido el mejor de los hijos de toda la historia de la humanidad.
Ese honrar al padre y a la madre, que es el cuarto mandamiento, ¿lo has cumplido también en este momento?
Entonces es escueto lo que san Lucas nos narra y no podemos tampoco pretender sacar todo el mensaje ahora mismo. Lo que sí podemos es partir de la confianza en que si Tú, Señor, lo has hecho, has tenido razones”. Si Dios Padre lo ha permitido, es porque convenía para nosotros, también para la Virgen María y para san José.
FE

Nos fiamos (esta es la fe) de Dios. Pero si queremos sacar alguna lección, creo que la primera es: ver que Tú, Señor, has querido necesitar aquí en la tierra de un papá y de una mamá, de una familia, de un hogar y esto nos habla de qué importante es para Ti la familia y el hogar para que todos crezcamos y podamos cumplir también el plan de Dios para cada uno de nosotros.
Esto tiene posibilidad de ser unido con el Génesis, cuando Dios Padre comenta, viendo a Adán y a toda la creación que lo rodeaba:
«No es bueno que el hombre esté solo»
(Gen 2, 18).
Entonces crea a la mujer y la crea para que se conozca con el hombre y puedan formar una familia y un hogar.
Tú, Señor, como Hombre verdadero y perfecto, has querido nacer en una familia.
Yo creo que los que tenemos la gracia de Dios de tener una familia, nos damos cuenta de qué tesoro significa aquello.
Tengo unas palabras en la cabeza que las digo de memoria y son de Chesterton, si no me equivoco, que dice:
“quien ataca a la familia no sabe lo que hace porque no sabe lo que deshace con ese ataque”.
Efectivamente, saber lo que es necesario para cada uno de nosotros y, por tanto, para todos, el cariño, la presencia, la búsqueda cuando hace falta en las correcciones de papá y de mamá, esto es fundamental, nos humaniza. Y esto es lo que Tú, Señor, has querido como Hombre perfecto necesitar.
Ojalá que cada uno de nosotros demos siempre muchas gracias a Dios por ese hogar en el que hemos nacido y que nos dispongamos cada día a construir hogar ahí donde vivimos, para bien nuestro, para bien de aquellos que nos rodean y para la gloria de Dios.



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