ESCUCHA LA MEDITACIÓN

BUENAS OVEJAS

Hoy escuchamos el evangelio del Buen Pastor y nos queda claro que Jesucristo de verdad lo es. ¿Cómo podemos nosotros ser buenas ovejas de su rebaño?

EL BUEN PASTOR 

Hoy, cuarta semana del tiempo de Pascua, escuchamos nuevamente al Señor referirse a sí mismo como el Buen Pastor. Ese discurso tan bonito que hemos escuchado tantas veces:

“Dijo el Señor a sus discípulos: yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por las ovejas.El asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona a las ovejas y huye y el lobo las roba y las dispersa.

Es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el buen pastor, que conozco a las mías y las mías me conocen. Igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre, yo doy mi vida por las ovejas. (Jn 10, 11-15)

Con un mínimo de imaginación que le pongamos a este pasaje del Evangelio, qué impresionante imaginarnos al Señor referirse así a nosotros, referirse así a sí mismo.

Este es uno de los pasajes más bonitos del Evangelio, porque no sólo habla de Cristo como el buen pastor, sino que también habla de lo que el Señor espera de nosotros.

OVEJAS BUENAS

Lo que Jesucristo está diciendo aquí, es de hecho lo que estamos todavía celebrando en estas semanas del tiempo de Pascua: que de verdad Jesucristo ha dado su vida por sus ovejas que somos nosotros. Ha hecho realidad estas palabras para que no queden solamente en una alegoría más.

Hoy vamos a enfocarnos en esta realidad: este discurso del Señor ya tenemos clarísimo de que habla del buen pastor, pero también habla de nosotros. Dice:

mis ovejas me conocen

ees un dardo que nos pasa muy de cerca también a nosotros. ¡Cómo no sentirnos interpelados por estas palabras, Señor! Qué tan en serio me tomo esta vocación, esta llamada a ser una buena oveja, es decir un buen hijo de Dios, una buena hija de Dios.

RECONOCER LA VOZ DEL PASTOR

Hay un criterio bastante claro que el Señor nos revela en este Evangelio de hoy, que es que para ser una buena oveja de su rebaño hay que desarrollar ese hábito, ese súper poder, de reconocer su voz.

No es que Dios no nos hable, porque de hecho Dios nos habla muchísimo todo el tiempo; de modo especial suele hablarnos en estos ratos de oración, como el que estamos haciendo ahora en hablar con Jesús. Pero tantas veces estamos sordos, estamos con una especial distracción que nos impide reconocer fácilmente la voz del Señor.

Qué pena que este Dios tan bueno, que ha dado su vida por nosotros, se empeñe en dedicarnos tiempo, en hablarnos, en guiarnos que el teléfono suene pero que quede siempre como una llamada ocupada, sin contestar. Qué pena que Dios nos sigue mandando mensajes todo el tiempo y nosotros lo dejamos en visto, en azul.

JESÚS ES LA PUERTA DEL REDIL

Esta imagen de buen pastor además ha dado en el blanco, no sólo porque Tú seas el Buen Pastoreso lo tenemos súper claro, al menos en la teoría-, sino porque nos has llamado ovejas y eso que encaja mucho con nuestra actitud.

También has dado en el blanco con eso Señor, porque la verdad es que las ovejas no es que sean el animal más inteligente de la fauna; de hecho se despistan con una facilidad impresionante nosotros nos despistamos con una facilidad una facilidad impresionante.

OVEJAS DISTRAÍDAS

La semana pasada estábamos escuchando por partes también ese discurso del Pan de Vida y nos preguntábamos cómo era tan fácil que nosotros nos distrajéramos incluso dentro de la santa misa.

Pero bueno es así. Señor Tú nos llamas, nos cuidas, nos curas, nos guías por los mejores caminos posibles, esos que terminan en esas praderas jamás imaginadas, lejos de los peligros, de los acantilados, de los lobos

Nosotros que nos separamos tan fácilmente de ese rebaño por un triste placer momentáneo, por una flor en el camino, por un poco de agua encharcada, el ruido de un pájaro o sencillamente la rebeldía de buscar yo mi camino por mi cuenta.

Se cuenta que una maestra estaba dando clases en una escuela rural y allí había un niño llamado Miguel de unos nueve años que era hijo de un pastor de ovejas.

La maestra en una clase hablando de matemáticas le pregunta: Miguel si tienes veinte ovejas en el redil y una se salta la tapia y se escapa ¿cuántas ovejas te quedan?

 Miguelito (se vio que se sabía el tema perfectamente) dice: -Ninguna maestra. Pero hombredice ella tienes veinte, se te marcha una, ¿cuántas te quedan? Ninguna maestra. Que no, que no! Veinte menos una. A ver, 20 menos 1 son 19. Y entonces Miguelito, ahí con sabiduría empírica dice: -Señora maestra, usted sabe mucho de matemáticas, pero de ovejas no tiene ni idea. Si una se salta a la tapia todas las demás van detrás.

OVEJAS EN REDIL

Bueno, típico de las ovejas. Es que de nuevo, la oveja no es que sea especialmente inteligente que digamos; y nosotros, aunque nos lo creamos,tampoco es que lo seamos mucho. Podemos salir tontamente del redil básicamente porque todos lo están haciendo.

Allí  es que es precisamente importante tener ese oído muy afinado; es fundamental para escuchar al Buen Pastor, para volver a lo seguro. ¿Acaso no es eso el sacramento de la confesión? ¿No es eso un modo de regresar al rebaño?

¿No es la eucaristía ese Pan de Vida sin el que tú y yo no podemos andar en este camino tan largo en la vida cristiana? ¿Es ese perseverar en estos ratos de oración contigo señor? ¿Acaso esto no nos ayuda a afinar ese oído a esas llamadas constantes?

Es verdad que en la historia de la Iglesia ha habido santos que han sufrido una gran conversión porque el Señor básicamente ha tenido que jamaquearlosy gritarles para que cambien de vida.

Pero habitualmente el Señor se basa más bien en estas conversaciones diarias, continuas, los ratos de oración.

LA TIBIEZA Y SORDERA ESPIRITUAL

Cuando torpemente nosotros como ovejas nos vamos alejando de Ti, Señor, la vida se hace sumamente oscura, vamos como perdiendo esa sensibilidad para las cosas del cielo.

Es más fácil dejarnos llevar por el cansancio, por el aburrimiento, por esa falta de gusto por las cosas de Dios y poco a poco vamos cayendo en ese estado del alma que suelen llamar algunos la tibieza.

Y con la tibieza viene la sordera espiritual. Inicia con una apatía por las cosas de Dios. En la teoría pareciera que sí, que deberían gustarnos las cosas de Dios, pero empieza la apatía para la piedad, porque nos pueden más las obligaciones, las cosas importantes que todavía hay que sacar adelante, las ocupaciones del día a día.

Después viene también la apatía para la mortificación generosa, porque como hemos perdido esa facilidad para reconocer a Cristo que pasa, la cruz que indica claramente que el Señorestá a nuestro lado, la vemos como oscura, incomprensible, incluso como una injusticia

SENTIMIENTOS O DECISIONES 

Nos dejamos llevar más por lo que nos gusta y nos quejamos con una facilidad tremenda ante las molestiaslas importantes, pero incluso las más pequeñas.

Nos parece que el Buen Pastor, ese que se dice buen pastor, resulta que no nos está cuidando lo suficiente; o que esas verdes praderas que nos ha prometido es difícil pensar que son más verdes, incluso mejores que lo que tenemos ahora inmediatamente delante de nuestros ojos.

Cuánto cuesta a veces confiar en este Buen Pastor. Señor, pero cómo puede pasarnos por la mente un pensamiento así, ¿no será más bien que nos falta más sensibilidad para escuchar tu voz en el día a día para prevenir los peligros?

¿No será más bien que nos falta más visión supernatural para ver detrás de esos alfilerazos de cada día muchas oportunidades para identificarnos contigo? Esos desvelos del Buen Pastor.

CONFIAR EN EL BUEN PASTOR

Señor, ¿cómo te pagaremos todo el bien que nos has hecho? Vamos a empezar con lo que el Señor nos está diciendo el día de hoy, con la obediencia a esa amabilísima voluntad del

Buen Pastor que sabe más; de ese que sabemos que nos va a llevar siempre a lugares más seguros, siempre por buenos caminos.

Vamos a pedir a nuestra Madre la santísima Virgen que nos ayude, porque así como una buena madre enseña a su hijo a escuchar con atención, también nuestra Madre nos va a ayudar a tener ese hábito de tener los oídos abiertos a las inspiraciones, las sugerencias, las instrucciones de su Hijo.

Que empecemos poniendo nuestra parte obviamente, buscándolo de continuo en los sacramentos, en estos ratos de oración, que no abandonemos la oración; y que cuidemos esa sensibilidad para reconocer a Cristo que pasa a nuestro lado tantas veces en nuestras vidas.

Que no perdamos, le pedimos a nuestra Madre finalmente, esa claridad de saber quiénes somos, a quién pertenecemos y quién nos ama hasta la locura de dar su vida por nosotros.


Citas Utilizadas

Hch 11, 1-18 / Sal 41 / Jn 10, 1-10

Predicado por:

P. Rafael

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