ESCUCHA LA MEDITACIÓN

¡SILENCIO… PARA PODER ESCUCHAR!

“¿Muchachos, tenéis pescado?”. Escuchar a Dios. ¡Silencio…para poder escuchar!

Va avanzando esta semana primera de Pascua y seguimos con alegría de tu resurrección, Señor.

Nos apoyamos tanto en ese milagro que garantiza todas tus palabras, todas tus promesas.

Confirma que Tú eres Dios, porque por tu propia fuerza, estando muerto has vuelto a la vida.

Gracias, Señor, por la fe. Gracias por esta prueba que nos has dado para que nuestra fe se asiente sobre ella.

Y como en toda la semana, vamos a oír hoy también en el Evangelio, pasajes de tu resurrección.

VAMOS CONTIGO

Dice así el Evangelio de hoy, según san Juan:

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades y se apareció de esta manera.

Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, apodado el mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea y los Zebedeos, y otros dos discípulos suyos.

Simón Pedro les dice: «*Me voy a pescar». Ellos contestan: «También nosotros vamos contigo». Salieron y se embarcaron y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús le dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?». Ellos contestaron: «No». Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis». La echaron y no tenían fuerzas para sacarla por la multitud de peces. Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro: «Es el Señor». Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca; porque no distaban de tierra más que unos 200 codos, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan.

Jesús les dice: «Traed de los peces que acabáis de coger». Simón Pedro subió a la barca, arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: «Vamos, almorzad». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: “Quién eres tú?, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da; y lo mismo el

pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.

(Jn 21, 1-14)

 

MÁS BIEN SILENCIO

ver silencio huida a Egipto, silencio

Lo he querido leer todo, porque solo entendemos el mensaje completo, en la medida en que tenemos todos los detalles en la cabeza.

Nos metemos en la escena según la enseñanza de san Josemaría, con la imaginación, pues nos representamos el momento y también a las personas que intervienen.

Vemos efectivamente ese amanecer después de una noche, en la que han estado sin dormir, trabajando y obviamente nos imaginamos el sueño, el malestar.

Ese adormecimiento mental, que nos pasa si en algún momento tenemos la mala suerte de no poder dormir.

Y bueno, ese malestar corporal por el cansancio y la falta de sueño y cero pesca, ningún pez.

Y entonces, en esos ambientes, en esas circunstancias, no provoca hacer muchas bromas ni comentarios. Podría haber más bien silencio, lo propio de un fracaso.

Como cuando hay gente que es muy hincha de un equipo de fútbol y el equipo pierde. No comentan mucho, pero si hubiera ganado estarían diciéndolo. Pues lo mismo, no han pescado, no hay mucho que comentar.

Está empezando un nuevo día, ellos tienen mucho sueño y en ese contexto silencioso y de fracaso, pues viene esa voz desde la orilla: «Muchachos, ¿tenéis pescado?».

Claro, es casi lo último que querían oír, es reconocer públicamente el fracaso de toda la noche, la noche desperdiciada.

Y lo que nosotros podemos quizás aprender, es que ese ambiente de fracaso, de cansancio, de frustración va de la mano con un silencio, un silencio que permite oírte, Señor.

ACTITUD DE UNA PERSONA QUE REZA

Digo que no hablaban mucho porque estaban sin fuerzas y sin ganas. Pero es ese silencio que hace que Tú, Señor, te puedas comunicar con nosotros como ahora en este rato de oración.

Podemos interpretar ese silencio como la actitud de la persona que reza. Cuando alguien quiere hacer un rato de oración, pues procura rodearse de silencio lo más posible.

Benedicto, silencio

Sobre todo, si es que no se puede exteriormente, pues interiormente y eso es lo principal.

Y entonces la vida queda iluminada. Lo que en ese momento era un fracaso, resulta que es el ambiente que prepara, que Tú, Señor, te aparezcas, te acerques, te comuniques.

Cuando hay ese recogimiento y silencio, diríamos que el punto de referencia, ya no está en cómo nos ha ido en base a nuestros esfuerzos.

Sino ¿qué nos espera en la orilla?, ¿quién está viendo todo lo que hacemos, valorándolo y dándole sentido?

Efectivamente es tu voz, Señor, una vez resucitado, la que va a cambiar la circunstancia de este grupo de personas.

LUZ Y FORTALEZA

Esto ha pasado, para que nosotros nos demos cuenta de que también nos puede pasar, que Tú seas el que le dé sentido, luz, fortaleza y nueva vitalidad a nuestros momentos ordinarios.

Además, Tú con lo que pides; «¿muchachos, tenéis pescado?», estás anunciando lo que les vas a dar.

Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis. Y entonces, claro, ese pescado que Tú has pedido, Tú lo has dado en una cantidad superabundante. Por eso dicen, que estaban asombrados de que no se rompió la red.

Y entonces viene ese comentario de san Juan, «Es el Señor». Bonito recordar, que san Juan es el joven discípulo que fue a tu sepulcro, lo vio vacío y él ha escrito, vio y creyó.

Tú, eres fácilmente reconocido por alguien que, como san Juan, ha conservado ese recogimiento, que le ha llevado a ser de alguna manera predilecto por Ti.

Pues nada, yo creo que el Evangelio de hoy nos habla del recogimiento necesario para poderte oír, para podernos comunicar contigo, para poder ser, como nos sugería san Josemaría, almas de oración.


Citas Utilizadas

Hch 4, 1-12

Sal 117

Jn 21, 1-14

Reflexiones

!Señor, danos luz, fortaleza y nueva vitalidad a nuestros momentos ordinarios!

Predicado por:

P. Luis Andrés

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