ESCUCHA LA MEDITACIÓN

SÍGANME LOS BUENOS

Ya en el umbral de la Semana Santa, Jesús nos pide una decisión radical: o confiar en su palabra, o quedarnos con la visión terrenal de la vida. De esta elección dependerá el modo en que vivamos el misterio Pascual.

TRECE DE LA FAMA

Probablemente te acuerdes de este conocido episodio de los “Trece de la fama”, Francisco Pizarro, el conquistador español, se encuentra en un momento cumbre de su expedición, hasta ahora muchas cosas han sido problemáticas; combates con unos nativos sumamente aguerridos, que les llevan a sorprenderse, la escasez de víveres, la enfermedad, la hambruna, las pestes, dificultades para avanzar en medio de la jungla, la moral de la tropa está en el suelo.

Y cuenta la tradición que en la Isla del Gallo había que tomar una decisión y había solamente dos opciones: o regresar a Panamá en un barco que había enviado el gobernador, para que los que quisieran abandonar esa empresa tan problemática pudieran hacerlo, o la otra opción que era seguir en la búsqueda de una gloria prometida.

Se cuenta que Hernán Cortés había quemado sus naves en Veracruz y allí lanzó la conocida frase «El que quiera hacer rico que me siga».

Y como no podía ser de otra forma, aquí también Pizarro hizo algo bastante parecido, dicen que el conquistador tuvo una inspiración, con la punta de su espada trazó sobre la arena de la playa una línea y allí dijo a sus soldados: los que sean valientes que me sigan.

Para sorpresa de nadie, la mayoría de los hombres vieron en estas palabras una oportunidad, pero oportunidad de liberación, porque corrieron a embarcarse en el barco para regresar a Panamá.

Pero trece hombres permanecieron junto a Pizarro y de ahí el nombre de la leyenda: “Los Trece de la fama”; solamente trece de los ochenta y cinco, es decir el 15% si sacamos las cuentas, lo siguieron y entonces nos quedamos con esta imagen épica, de esa línea trazada en la arena y las dos únicas opciones o seguir al líder hasta el final o regresar a una vida segura, cómoda, una vida sin tanto brillo, pero también sin tanto padecimiento como en esta aventura; que además estaba solamente basada en una promesa de gloria, que tampoco se sabía que tan cierta era.

LA SEMANA SANTA MARCA EL CULMEN DE NUESTRA FE

Bueno, volviendo al evangelio de hoy nos encontramos ya en el umbral de la Semana Santa, ese tiempo que marca el culmen de nuestra fe, es este tiempo el que la Iglesia nos prepara y más intensamente y de modo más inmediato para revivir el misterio central de nuestra fe: la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.

Y por eso el evangelio que se nos propone para la misa de hoy, tomado de San Juan, nos sitúa ante una situación bastante familiar a la de Pizarro y a la de Cortés, estamos notando en el evangelio de hoy que esa tensión crece, hay aire de confrontación entre Jesús y las autoridades judías en Jerusalén.

La tensión, como decíamos, es palpable, las palabras de Jesús el día de hoy ya no admiten medias tintas, este evangelio hoy nos obliga a decidir quién es Jesús para nosotros.

Escuchamos estas palabras que empiezan hoy con una promesa que no hemos escuchado jamás:

“En verdad, en verdad os digo que si alguno guarda mi palabra no verá la muerte para siempre”.

Claro esto no es solamente una promesa de resurrección en el futuro, sino de una verdadera vida eterna, una vida que no se acaba.

 Y ¿cómo reaccionan los que oyen estas palabras? con burla y con escepticismo y llegan a decirle:

“Acaso eres Tú más grande que nuestro padre Abraham que murió o que los profetas que también murieron”

claro, quienes dicen esto no es que estén diciendo un disparate, tienen muchísima razón, pero eso sí, según la visión terrenal de las cosas, porque es verdad que es dificilísimo, casi imposible, concebir una vida eterna así como la está prometiendo el Señor.

Además es más difícil todavía creer que sea esa palabra de Jesús, la fuente de esa vida eterna que se les está prometiendo.

Lo que nos pide el Señor en este evangelio, es que creamos en su palabra para tener la vida eterna y obviamente este diálogo de Jesús con los judíos, a tí y a mí nos tiene que interpelar por fuerza, porque tú y yo ¿Cómo guardamos esta palabra de Dios que nosotros ya conocemos?

Tú y yo creemos que esta palabra de Dios, de verdad da vida, es vivificante, es decir, es capaz de trascender la muerte.

O por el contrario, solemos tener más bien una visión meramente terrena de las cosas, ¿Qué tanta seguridad nos da en el día a día estas promesas del Señor? especialmente cuando las cosas se ponen muy difíciles.

QUE SE NOTE EN NOSOTROS LAS PALABRAS DEL SEÑOR 

Esta palabra de Dios, que me dice a mí en cada misa: “Esto es mi cuerpo, esta es mi sangre”;obviamente lo creemos Señor, no tenemos grandes dudas de fe, pero si vamos a sus últimas consecuencias, se debería notar por ejemplo, en el modo en el que hacemos cada genuflexión ante el Santísimo, se debería notar en el modo en  el que vivimos cada misa, incluso se debería notar en la frecuencia con que asistimos al santo sacramento del altar.

Sí de verdad creemos en tus palabras Señor, debería notarse por ejemplo, en el momento en que acabamos de recibir la Sagrada Comunión, cómo guardamos el recogimiento, cómo guardamos también las posturas de modo que se note también externamente, aunque no lo hacemos para que los demás nos vean, para que se note externamente que estamos recibiendo al Rey de Reyes, al Señor de señores.

¿CÓMO CONFIAMOS EN LA PALABRA DE DIOS?

Señor, ¿Cómo confiamos en tu palabra? cada vez que nos toca por ejemplo, poner la otra mejilla, perdonar setenta veces siete, o vivir el amor al prójimo, cuando lo que nos provoca es ahorcarlo.

Señor, ¿Cómo me lleva a mí a vivir mejor este sacramento de la confesión? estas palabras tuyas, en las que los recuerdas que hay muchísimo que mejorar, porque del corazón del hombre salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, la fornicación, el robo, los falsos testimonios, las blasfemias.

TOMARNOS EN SERIO LA CONVERSIÓN

¿Cuánto confío  yo en esta palabra tuya, que es una palabra que ama? que me ama y que precisamente porque me ama, me exige.

Sí de verdad yo creo en Tu palabra, necesariamente he de tomarme en serio ese deseo de conversión que Tú esperas de nosotros, especialmente en estos últimos días de cuaresma.

Por eso este evangelio está puesto aquí con una propuesta de Nuestra Madre Iglesia para prepararnos muy bien para la Semana Santa, también porque a medida que avanza este pasaje del evangelio de hoy, notamos como que el clímax, la crispación, la confrontación va creciendo cada vez más, de modo que se hace imposible permanecer en tierra neutral.

La tensión encuentra su punto más elevado, más álgido, cuando Jesús desata la furia de sus adversarios, porque les dice:

“En verdad, en verdad os digo, antes de que Abraham existiera Yo Soy”

y sorprende lo que pasa aquí, porque claro uno puede pensar que esta reacción de los judíos es desproporcionada, porque si alguien nos dice que existió antes de Abraham y que todavía está vivo, bueno uno piensa inmediatamente que se trata de un desquiciado, de un desequilibrado mental, de un loco y en ese caso, el remedio es ignorarlo.

Pero es precisamente esto que dice Jesús con estas palabras, lo que llena de una ira profunda los judíos que escuchan, porque ellos están sospechando y con razón que estas palabras son la afirmación de su divinidad: “Yo Soy”; con esto Jesús no solamente está diciendo que Él es eterno, que Él existe desde antes que Abraham, sino que se está identificando directamente con ese nombre de Dios revelado a Moisés en el Antiguo Testamento, Yo Soy el que Soy.

Es decir, que los judíos están intuyendo efectivamente, con razón, que Jesús está declarando así mismo como Dios, como el Eterno, como el origen de todas las promesas del pueblo de Israel.

Y por este motivo, es que los judíos piensan apedrearle, porque piensan que está blasfemando.

SÍGANME LOS QUE CREEN EN MÍ

Seguir a Jesús

 

La reacción de los judíos es violenta, porque esa afirmación de Jesús es radical y solamente hay dos opciones o la adversión radical o un rechazo, no hay termino medio, es como  si Jesús estuviese trazando en la arena una línea y dijese: síganme los que creen en Mí.

Y ahora que se acerca la Semana Santa obviamente este evangelio nos pide que renovemos nuestra respuesta a esta invitación que nos hace el Señor.

¿QUIÉN ES JESÚS PARA MÍ?

¿Quién es Jesús para mí? si tú y yo lo aceptamos como El que es, como el Dios verdadero y eterno, hecho Hombre, entonces tu vida y la mía, tienen que transformarse, no basta con escuchar la palabra de Dios, si así fuera bastaría que pusiéramos un audio que nos narra el evangelio y entonces ya nos salvaríamos. 

Pero no, hace falta tomar esa decisión radical.

Señor, ¿Quién eres Tú para mí? porque dependiendo de esa respuesta, lo que Tú nos digas Señor, lo vamos a tomar con seriedad, con esa radicalidad de quien te quiere seguir por amor a donde sea.

Vamos a renovar esta elección de seguir al Maestro hasta el mismo Gólgota, es verdad que se nos puede llenar la boca de estas palabras y después viene la flaqueza, pero bueno, vamos a pedir esa firmeza que nos puede dar el amor a Dios.

ESTAMOS SIGUIENDO A JESÚS, NUESTRO SALVADOR

Aquí no estamos siguiendo solamente un héroe, como Alejandro Magno, como Julio César o como Cortés o como a Pizarro, que en momentos concretos exigieron de sus soldados una obediencia radical.

Nosotros estamos siguiendo a nuestro Salvador y Señor, con tal de seguirte ayúdenos a dejar lo que sea, si hace falta Señor, siempre con tu ayuda, dejaremos nuestras falsas seguridades, nuestras comodidades, esas certezas que provienen solamente de una visión humana de la vida.

Ayúdanos Señor a seguirte donde quieras, tanto en la entrada triunfal del Domingo de Ramos, como en el cenáculo, como en el huerto de los olivos, pero sobre todo danos esa radicalidad del amor para seguirte hasta el calvario.

 

 


Citas Utilizadas

Génesis 17, 3-9

Salmo 104

Juan 8, 51-59

 

Reflexiones

Danos Señor esa radicalidad del amor para seguirte a todos lados, siempre hasta el calvario, para llegar al cielo. 

 

Predicado por:

P. Rafael

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