CANDELARIA
No sé si te habías dado cuenta, pero ¡ya pasaron 40 días desde Navidad!
¡El tiempo va volando! Ocho días después del nacimiento de Jesús, en la ceremonia de la circuncisión, le impusieron el nombre: Yeshua, Dios salva. Así como le había llamado el ángel.
Hoy, cuarenta días después de Navidad, celebramos la Presentación del Niño en el Templo y la Purificación de la Madre.
Algunas familias retiran el nacimiento de sus casas hasta este día. Si sigues esa tradición, no te sorprenderá el dato. Pero a los demás, yo creo que sí, al menos a mí sí.
Pero, ojo, a este día de fiesta le hemos nombrado de distintas maneras: la Presentación del Señor, la Fiesta de la Luz y la Fiesta de las Candelas.
De ahí viene el nombre de Candelaria, porque puede haber una procesión con velas en la Misa, que representan la pureza de María y a Cristo como luz del mundo.
En Roma, el Papa sigue encabezando cada 2 de febrero, una procesión de velas de la Plaza a la Basílica de San Pedro.
Bueno, dicen que de aquí vienen los nombres de Luz y Cande. Así que si te llamas así: ¡felicidades!
Por eso también hoy algunas personas llevan candelas para que sean bendecidas en la Misa.
Hace años me encontré con algunas personas que decían que se acercaban días de oscuridad (así, literal) en los que la única luz que podía haber era la de las velas bendecidas en este día. A ver, no nos pongamos apocalípticos. Celebremos sin afligirnos por supuestas profecías catastróficas.
LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR
En la historia de España hay un personaje curioso. Se trata de una mujer llamada Egeria, que peregrinó a Tierra Santa a inicios del siglo IV. Para nuestra suerte, ella iba anotando todo lo que veía en su diario. Y es ahí donde cuenta cómo celebraban los cristianos “La Presentación del Señor”:
“El día cuadragésimo después de la Epifanía se celebra aquí con muchísima solemnidad. Pues se realiza una procesión a la Anástasis. Todos participan cumpliendo los ritos en el orden habitual y con muy gran pompa como si fuera Pascua”
Explico. Primero: no he leído mal. Dice así: “El día cuadragésimo después de la Epifanía”. ¿No eran 40 días después de Navidad? Sí, lo que sucede es que antiguamente la Navidad y la Epifanía se celebraban en una misma fiesta. Es más, así lo hacen todavía nuestros hermanos cristianos ortodoxos.
¿Y qué es eso de la Anástasis? Es una palabra griega que se traduce como «subida» o «levantamiento». Y significa resurrección o el acto de ponerse de pie nuevamente.
Resulta que Egeria está hablando de la rotonda de la Basílica del Santo Sepulcro en Jerusalén. Si hoy ves fotos del Santo Sepulcro te das cuenta de que es como un círculo, en el que justo en el centro está el lugar donde fue sepultado Jesús. O sea, ¡lo que hoy vemos es exactamente dónde estuvo Egeria hace casi 1,600 años!
Ahí se reunían para celebrar esta fiesta. Y, por lo que cuenta Egeria, los primeros cristianos asociaban la fiesta de la Presentación con la Pascua. El rito central de las dos era una procesión en la que los fieles portan velas o “candelas”.
Yo creo que no nos resulta curioso que a Jesús se le representa con unas velas encendidas. Es lo que hacemos en cada Misa cuando se encienden las velas del altar, es lo que hacemos en la Pascua cuando encendemos el cirio pascual, es lo que hacemos en las ceremonias del Bautismo y de la Primera Comunión encendiendo una vela.
ENCIÉNDEME SEÑOR
“Jesús, tú Señor, eres una vela encendida que nuestra Madre, la Virgen de Candelaria, lleva en sus brazos. Tú eres la luz del mundo, eres la luz de mi vida. Señor: ilumíname. Enciéndeme con el fuego de tu corazón.
Hoy tu Madre te presenta al mundo y nosotros te recibimos. Pero no es solo algo del pasado, porque ese Niño ya ha resucitado y nos lo entrega encendido.
Ilumíname. Enciéndeme con el fuego de tu corazón”.
Un poco en contraste, me acordaba de una prueba que hacíamos con los del Club al que asistía de pequeño. Era una de las tantas pruebas en lo que llamábamos ‘noche de supervivencia’.
Yo me acordaba de esta, en la que el reto consistía en adentrarse en una especie de cueva. Entras a la cueva y te das cuenta de que había agua en el piso. Pero, a medida que avanzabas subía el nivel del agua. Y como única iluminación te daban, no una vela sino un trozo de vela.
Había que ir hacia dentro hasta que se apagara la vela. Mientras avanzabas veías tarántulas en las paredes de la cueva. A eso había que sumarle que la cera te caía en los dedos y te quemaba. ¡Una locura! Bueno, eran otros tiempos.
Pues, Jesús es la luz de tu vida y de la mía. Es el centro, es la razón de todo. Cualquier otra cosa es un trozo de vela que ilumina mal y te quema. No te puede llevar lejos, solo te acompaña hasta que te hundes.
Que triste vivir la vida deslumbrado por otras luces, cuando aquí tienes a la Luz del mundo. Esa que María lo lleva en sus brazos y te lo entrega para que le cuides.
“Jesús, ilumíname. Enciéndeme con el fuego de tu corazón”.
VIGILIA PASCUAL
Ahora, por lo de Egeria, pensaba también en la Vigilia Pascual. No sé si te acuerdas. En un primer momento algunos fieles encienden sus velas en el Cirio Pascual. Y luego los fieles que encendieron sus velas en el Cirio Pascual convidan fuego a los demás fieles.
Pues contaba un sacerdote que, “en una Vigilia Pascual observó que un señor, apostado con su vela al fondo del templo, con ostentosos gestos de ansiedad e impaciencia se negó a esperar la llegada del fuego desde los primeros bancos, y extrayendo un encendedor del bolsillo dio fuego a su vela.
Al verlo tuve la tentación de gritarle: —¡No! ¡El fuego de la vela debe tener su origen en el Cirio que simboliza a Cristo, y no en uno! Nosotros renovaremos la fe de Cristo, y no la fe en nuestras propias ideas y teorías religiosas. La unidad de la fe exige que todos encendamos nuestras velas en un mismo Cirio… pero aquel hombre no daba la impresión de haberlo hecho por mala voluntad, sino por ansiedad e ignorancia, así que opté por callar.
Y cuando al poco observé azorado que convidaba “su” fuego a los que le estaban próximos (…), aunque me contuve… quise gritar: —¡Alto! Las velas deben encenderse con el fuego del Cirio. ¿Ustedes quieren renovar la fe en Cristo y su Iglesia o en sus propias teorías y opiniones religiosas…? ¡Quien no acepte la fe de Cristo, sino sólo la de las propias ideas, que vaya a otro templo que coincida con sus creencias, pero que nos deje en paz a los que creemos en Cristo, y que no desencadene en este lugar ningún “incendio” (…) esparciendo el fuego de sus propias teorías!” (En presencia de Dios, Pedro José María Chiesa)
Tal vez un poco exagerado, ¿no? Pero me parece que nos sirve. Tú y yo recibimos a Cristo hoy, al Niño, que es fuego. Lo mejor que puedes hacer por los demás es repartirles ese fuego, darles a Cristo. Puedes hacer muchas cosas por ellos, pero si esta hace falta: te hace falta todo…
Madre nuestra: dame a Cristo y ayúdame a que yo sepa darlo a los demás.




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