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JESÚS, QUIERO HACER TU VOLUNTAD… ¿ME AYUDAS?

Ver y hacer la voluntad de Dios no es fácil. Miremos a Maria para imitarla, y pidámosle a Jesus que nos ayude a hacerlo.

FUERTES PALABRAS

En el Evangelio de hoy, unos parientes de Jesús se acercan a Él. Quieren hablarle y se dirigen a los apóstoles. Los apóstoles van donde Jesús y le dicen que su madre y sus hermanos lo están buscando…

Uno pensaría que, ante una petición de la Virgen y de los parientes de Jesús, el Señor haría un tiempo, haría un stop y diría, —bueno, ahora tengo una responsabilidad.

Pero sin embargo, el Señor dice unas palabras que parecen un poco fuertes. 

«¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? Y dirigiéndose a los apóstoles, apuntándole a ellos, dice: —Estos son mi padre y mis hermanos, porque el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre». 

Me parece que nosotros que queremos ser amigos, hermanos, hermanas de Jesús, nos sirve decir, ¿qué significa el que hace la voluntad de Dios? ¿Qué significa el que hace la voluntad de Dios?

Y pienso que la respuesta, nos la da el mismo Jesús en otro pasaje del Evangelio. 

Esta vez, una parábola.

«Jesús está hablando a sus apóstoles y les dice que hay el dueño de un campo que tiene dos hijos. Dirigiéndose al primero, le dice si podía ir a trabajar el campo, y él dice que no quería ir, pero sin embargo, se arrepiente después, va y lo trabaja. 

En cambio, el segundo, ese padre, el mismo padre, se dirige a él y le dice si podía ir a trabajar al campo, y él le dice que sí, pero no va. 

Y luego les pregunta a los apóstoles, ¿quién creen ustedes que hizo la voluntad de su padre? Y le dicen todos, el primero, lógico, el que al principio había dicho que no, pero luego lo hizo. 

Y Jesús les dice, muy bien, vayan, han respondido bien, vayan y hagan lo mismo». 

MI MADRE Y MIS HERMANOS

El que hace la voluntad de Dios es el que, escuchando lo que le dice Dios, lo cumple. Ese es el que hace la voluntad de Dios. No es el que no le cuesta hacerla. 

No es una persona que parece que todo le salga bien, el que parece que todo le sale fácil… Ese, no sé, el que nunca ha tenido un problema… Quizás ese también puede cumplir la voluntad de Dios. 

Pero en general, a todos nos pasa que somos personas normales y corrientes, y que a veces, muchas veces, nos cuesta hacer la voluntad de Dios. 

Sin embargo, no es cosa de facilidad o dificultad, sino el que hace la voluntad de Dios, el que cumple lo que ve que Dios quiere para él. Ese es el que cumple la voluntad de Dios. 

Y el Señor parece que rechaza a su madre en esa frase:

«Estos son mi madre y mis hermanos…»,

pero al contrario, está reforzando. Si ustedes quieren hacer la voluntad de Dios, sean como mi madre. A la Virgen no le salía todo fácil.

Era la madre de Dios, la inmaculada, la llena de gracia, pero no la que le salía todo fácil a la primera. Ella es santa porque supo hacer la voluntad del Padre en todo, en lo grande y en lo pequeño, en lo cotidiano y en lo extraordinario. 

Ella vivió siempre para Dios, pero esforzándose, poniendo el empeño. Por ejemplo, cuando se le aparece el ángel Gabriel y le dice, tú vas a ser la madre de Dios, no es que ella haya dicho, ya muy bien, listo, ningún problema, así total, todo esto va a ser súper fácil…

Sino que dice, bueno,

«He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra».

Cuando escucha que ella es la llena de gracia, cuando escucha que el Espíritu Santo descenderá sobre él, que el poder del Altísimo la cubrirá con su sombra. Dice, muy bien, con la gracia de Dios lo haré y me tendré que esforzar y tendré que ponerle empeño, pero soy feliz así. 

la voluntad

SU TAREA NO FUE FÁCIL

Luego luchó contra el desánimo cuando no encontraban lugar para alojar en Belén, y tuvo que ver nacer a su hijo en un establo para animales. 

No debe haber sido fácil para ella, tiene que haber quizás reaccionado un poco, pero acepta la voluntad de Dios y la cumple. 

Tuvo que poner empeño para organizar todo, para partir a Egipto cuando, un día en la noche y en un momento que era poco oportuno y bueno, partir a Egipto con Jesús y con José. Luego se instaló en una ciudad desconocida, con gente desconocida.

Poner un hogar en un país extranjero, para ella tiene que haber costado, sin embargo, confiando en la gracia de Dios le pone empeño y hace eso que Dios le estaba pidiendo. 

Más adelante llevó con esfuerzo toda la vida pública del Señor, como buena madre ella hubiese querido cuidar más a su hijo, pero Jesús se movía de un lado para otro y luego, no podía ella preocuparse de todo. 

Jesús dice en un momento,

«Los zorros tienen el nido, los pájaros tienen su lugar donde dormir, pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar su cabeza» (Cf.),

no tiene un lugar donde estar establemente. 

Y por último, al pie de la cruz, ella fue esa Virgen dolorosa que aceptó con entrega, pero con mucho dolor, lo que estaba sucediendo a su hijo. 

No había sido una cosa fácil, pero cumple esa voluntad de Dios, acepta la voluntad de Dios sabiendo que es lo mejor para ella y para todos. 

UNA EVIDENTE ALEGRÍA

Hace poco me tocó participar en unos trabajos sociales, y una de las cosas que hicimos fue visitar familias en las que había algún enfermo terminal o algún postrado que no podía moverse. 

Fueron seis familias que visitamos. Y cada una tenía un gran dolor, un gran drama. Me sorprendió la entrega de las personas que cuidaban a esos enfermos, a esos postrados.

Una madre que había estado treinta y cinco años al lado de su hijo, que no podía moverse ni hacer nada por sí solo. Y esa madre estaba ahí al lado de su hijo y lo cuidaba y casi no salía de la casa. 

Una hija que cuidaba de su papá de noventa años, su papá que no podía ni siquiera sonreír. Me dijo en ese momento, que estaba que ya no podía comer, no podía hacer casi nada, entonces estaban esperando el desenlace. Y ella lo cuidaba y estaba todo el día con él. 

Una esposa que vivía para su marido enfermo. Un hijo que cuidaba a su mamá, que era una profesora que había entregado su vida por sus alumnos. 

Y cada una de esas personas, de esas personas que cuidaban a esos enfermos irradiaba alegría. 

Sí, tenían penas, tenían dificultades, pero me sorprendió. Varias de esas personas me dijeron que no cambiarían por nada la vida que llevaban. Nada del mundo las haría cambiar esa situación, porque ahí la voluntad de Dios estaba muy evidente. Era muy clara esa alegría que da entregarse, dar la vida por los demás, porque esa es la voluntad de Dios. 

EL CAMINO HACIA LA FELICIDAD

«El que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre»,

nos dice el Señor. 

Jesús, te decíamos al principio que nosotros tenemos muy claro que queremos ser hermanos y hermanas tuyas. Queremos entonces hacer tu voluntad, de Dios, como lo hizo tu mamá, como lo hizo la Virgen Santísima. 

Queremos descubrir y hacer tu voluntad. 

Señor, sabemos que no es fácil, pero también tenemos clarísimo que ese es el único camino hacia la felicidad. 

Y hoy terminamos este rato de oración haciéndote una petición muy directa: “Señor, me ayudas a descubrir y hacer tu voluntad”.


Citas Utilizadas

2 Sm 6, 12b-15. 17-19

Sal 23

Mc 3, 31-35

Reflexiones

Jesús, quiero hacer tu voluntad, ¿me ayudas?

Predicado por:

P. Felipe

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